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UN TOQUE DE AZUFRE Image Hosted by ImageShack.us

"Lena" gusta en Argentina

"Lena" gusta en Argentina

"Lena" es una de esas películas que da lugar a comentarios muy positivos y que, por desgracia, muy pocos la vieron en su día en cine. Esta es una crítica sobre ella aparecida en la revista de cine argentina "Otrocampo".

LENA
España, 2001.
Dirección: Gonzalo Tapia. Guión: David Muñoz, Gonzalo Tapia, Antonio Trashorras. Intérpretes: Marta Larralde (Lena), Manuel Manquiña (Gorrión), Roberto Álvarez (Milio), Vítor Norte (Cachero), Luis Tosar (Gitano). Música: Juan Carlos Mac. Fotografía: Carles Gusi.

El cine negro se ilumina, por Fernando La Valle.

En la habitación de Lena, el cinéfilo no pasará por alto la presencia fugaz de dos afiches ubicados sobre la cabecera de la cama: Pulp Fiction y El pibe, de Chaplin. Se trata de un guiño mesurado y pacífico, como un mapa de ruta que corriera el riesgo de pasar desapercibido: la conjunción de ambas citas esboza por así decir el programa o proyecto esencial de esta opera prima de Gonzalo Tapia.

La vida de Lena transcurre inestable entre dos mundos: por un lado, la juventud dorada de sus amigos de la playa y de su novio patovica y surfer de clase media alta, ámbito al que la joven intenta ingresar a expensas de una coartada ficcional; por el otro, la realidad algo sórdida en que se halla inmerso un padre desocupado, drogadicto y ocasional malviviente de poca monta, Gorrión (Manuel Manquiña), con el que Lena convive a su pesar. En el horizonte de esta adolescente brilla, en fin, la posibilidad de una beca de estudios que le permitiría integrarse en la sociedad de un modo respetable, es decir, dejando de lado la ficción de su doble vida, así como la realidad cotidiana de su trabajo en una pescadería. Este es el punto en que todo empeora de repente: la beca se malogra por una culpable desatención del padre, que no entrega en término ciertos papeles al parecer indispensables; para colmo de males, un oscuro encargo al que Gorrión ha sido arrastrado por El Gitano (el ubicuo Luis Tosar, esta vez en un breve papel), padrino de la joven, los indispone a ambos con un pesadísimo mafioso portugués. En la nueva situación, más enrarecida aún, Lena, amante hija a pesar de todo, y nunca sabremos hasta qué punto conocedora del verdadero alcance de su decisión, ofrece hacer ciertos trabajos para la organización en un esfuerzo desesperado por saldar deudas.

Las dos referencias citadas al principio aludirán entonces cristalinamente a características centrales de la trama: la relativa orfandad de la protagonista, y el eje criminal entretejido de prostitución, ajustes de cuentas, cobro de trabajos non sanctos y tráfico de drogas. Ambos confluirán en el relato a medida que se desarrollen los trabajos de Lena en el submundo, convertida pronto en acompañante de uno de los esbirros del portugués, Milio (Roberto Alvarez), personaje ambiguo que introduce a la larga la figura de una paternidad adventicia, y no pocos aspectos que recuerdan al film de Tarantino en términos de lo que podríamos llamar la cotidianeidad del hampón, si bien con un tono más mesurado, menos profesionalmente paródico.

Si uno de los resortes del relato negro es “todos traicionan a todos”, Lena trabaja con esta premisa y la desarticula levemente por la inserción en su centro de un personaje positivo, voluntarioso, conmovedoramente transparente a pesar de los algo inocentes ardides que lleva adelante. Asistimos, asimismo, a deliciosas intrusiones de registros ajenos, pero a su vez oblicuamente desnaturalizados. Es el caso del video-clip: Lena sube una cuesta, por ejemplo, sobre un fondo de inevitable música de rap en la banda de sonido, a la que súbitamente se superponen los sones de un gaitero con traje típico que se ejercita solitario en la calle y es observado por la joven con cierta sorpresa; cuando la protagonista sigue su camino la gaita desaparece, pero el rap es a su vez interrumpido al encontrarse ésta con Milio y desconectar los auriculares de su walkman. Es el caso del corto turístico: con fondos de dudoso origen, y como parte de una reconciliación no menos dudosa, papá invita a Lena a comer en el puerto; el trayecto de ida se convierte en itinerario dominado por una canción popular iniciada por el hombre y luego continuada en orquestada versión comercial; junto con la festiva canción, que celebra las bondades de Vigo, la imagen abandona la cercanía de los personajes y prodiga móviles tomas panorámicas que recuerdan a aquel género publicitario, con la única salvedad de que sus protagonistas son en este caso un granuja mal entrazado y su hija adolescente.

Es así la capacidad de aunar seriamente una ironía rigurosa y un humor impalpable, esbozando un homenaje al género desprovisto de estridentes autocomplacencias, lo que torna tan deleitable la visión de este film. Además de las excelentes actuaciones, empezando por la debutante Marta Larralde en el papel protagónico, cabría agregar también las bondades de un guión trabajado con mucha habilidad y lleno de núcleos complejos que aportan ricos efectos de perspectiva, tanto en relación con la trama como con el saber de personajes opacos que se inscriben en un indeterminado campo de cosas no dichas. Quizás aquí se halle la principal virtud de Lena, su feliz coherencia con la duplicidad de citas señalada más arriba: la ambigüedad en cuestión remite paralelamente al policial negro y a la psicología del relato iniciático, reescribe el uno en función de la otra y viceversa, alentando en retrospectiva más de una mirada.

Virgo Potens

Virgo Potens

El siguiente "sketch" inédito lo escribí para el programa "Telecompring" del canal Paramount Comedy, cuyo contenido consistía fundamentalmente en anuncios de productos inexistentes y absurdos. Es decir, parodias de las Teletiendas. El programa desapareció hace meses y este guión fue uno de los que nos quedamos a punto de grabar.
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IMAGINARY GIRLFRIEND.

INT. SALÓN - DÍA

Reunión de amigos, todos parejitas, excepto el anfitrión (Hugo, un friki de cuidado, feo y con acné). Juegan al Monopoly y, a veces, los novios se dan piquitos. Hugo mira a los demás con envidia y tristeza.

PRESENTADOR (off): ¿Eres FEO y por eso no tienes novia?

Hugo mira a cámara y asiente, con expresión patética.

PRESENTADOR (off): ¿Harto de no catarlo?

Hugo mira a sus amigos, quienes ahora se comen los morros a lo bruto, sobándose como animales. Todo es exagerado e intuimos que responde a la paranoia del desesperado Hugo.

PRESENTADOR (off): Pero... ¿qué duele más? ¿La soledad?

INSERTOS SUCESIVOS:

INT. PASILLO – DÍA

Hugo entra en el baño con una revista porno.

PRESENTADOR (off): Que al menos tienes formas de combatir...

INT. DORMITORIO - DÍA

Hugo en pijama. En su cama hay una muñeca hinchable.

INT. SALÓN - DÍA

Un dedo marca 906 en el teléfono. Se abre el plano: Hugo tiene el auricular en la oreja y una caja de kleenex en la otra mano.

INT. SALÓN - DÍA

Los amigos ahora le miran con lástima: “pobre, está solito”.

PRESENTADOR (off): O esa ASQUEROSA compasión que provocas en los que te rodean.

Se acercan a él y le rodean en plan amiguitos.

HUGO (a cámara, enajenado): ¡¡Odio la compasión!!

PRESENTADOR (off): ¿Y si te inventas una novia?

Hugo sonríe pensando: “¡Claro! ¡Eso es!”.

PRESENTADOR (off): Pero nadie te creería. Porque, recuerda...

HUGO: Ya... Lo sé, lo sé...

INT. CUARTO DE BAÑO – DÍA

Hugo frente al espejo.

HUGO: Soy feo... feo... ¡Feooooooooo!

FONDO NEUTRO: PRESENTADOR

PRESENTADOR: Tranquilo, infeliz, tranquilo... la solución a tu problema se llama... (coge la caja y la enseña) ¡¡¡”IMAGINARY GIRLFRIEND”!!!

DETALLE MANOS MANIPULANDO EL CONTENIDO DE LA CAJA.

PRESENTADOR (off): Un kit con todo lo necesario para crear de forma sutil la impresión de que ya no estás solo, de que mantienes...

FONDO NEUTRO: PRESENTADOR

PRESENTADOR hace gestos obscenos, simulando copula, mamadas, etc.

PRESENTADOR (cont.): ... una bonita relación sentimental.

INT. DORMITORIO – DÍA

Hugo tiene abierto en la cama el kit de “Imaginary Girlfriend”. Según saca productos, la voz de PRESENTADOR los va describiendo.

PRESENTADOR (off): ¡Pinzas-chupetón! Ideales para simular en su cuerpo signos de pasión femenina...

Hugo saca las pinzas y se las lleva al cuello.

INT. SALÓN – DÍA

Un amigo se fija en un moretón que tiene Hugo en el cuello.

AMIGO 1: ¿Y eso? ¿Qué te ha pasado ahí?

HUGO: (haciéndose el misterioso)Ah... ¿esto? Nada, nada...

INT. DORMITORIO – DÍA

Hugo saca del kit una pequeña cajita transparente llena de... pelillos... rubios... más bien gruesos.

PRESENTADOR (off): ¡Surtido de pelillos íntimos! ¡De colores variados por supuesto!

INT. CUARTO DE BAÑO - DÍA

Uno de los amigos de Hugo está lavándose las manos. De pronto, la vista se le va hacia la bañera, donde ve una esponja. Algo le llama poderosamente la atención (ZOOM BRUSCO).

Vemos la esponja de cerca: entre sus poros se distinguen perfectamente... ¡UNOS CUANTOS PELILLOS RUBIOS!

El Amigo coge los pelos y se queda atónito mientras los mira.

FONDO NEUTRO: PRESENTADOR

PRESENTADOR saca objetos diversos del kit y los va enseñando.

PRESENTADOR: Y más evidencias de que en su casa ha estado una mujer, como... Kleenex perfumados para diseminar por los ceniceros, esponjitas desmaquilladoras...

INT. SALÓN – DÍA

Los amigos juegan al Monopoly con Hugo. Uno ve algo saliendo de un pliegue del sofá. Tira y se trata de... un sujetador.

PRESENTADOR (off): Ropa interior “olvidadiza”. ¡Perfecta para evocar revolcones casuales!

El Amigo disimula, avergonzado, y lo vuelve a ocultar.

INT. PASILLO – DÍA

Dos amigos están con Hugo. Uno ve en un libro en el recibidor. En la portada vemos en letras grandes: Paulo Coelho.

AMIGO 1: ¡Pero si tú odias a este mamón!

HUGO: ¡No es mío! Es que estuvo aquí... una visita y... se lo dejó olvidado.

AMIGO 2: ¿Una... visita?

Los dos amigos cruzan una mirada de entendimiento.

FONDO NEUTRO: PRESENTADOR

PRESENTADOR saca un pequeño spray del kit.

PRESENTADOR: Y la estrella del paquete: ¡Un spray con olor a hembra!

Rocía a su alrededor y aspira... en plan grosero, claro.

INT. SALÓN (DISTINTO AL OTRO) - DÍA

Otro Tío está con un par de amigos (chico y chica).

PRESENTADOR (off): ¡También recomendado para gays que no les da la gana salir del armario!

TÍO (levantándose y saliendo del salón): Os traigo unas infusiones.

La Chica sujeta una braguitas que han aparecido en el sofá.

CHICA: Y yo que siempre pensé que era trucho.

CHICO: Pa que te fíes de las apariencias...

BODEGÓN PRODUCTO

PRESENTADOR (off): ¡Imaginary Girlfriend! Esencia de mujer... para quién no las tiene a mano.

FIN

Scoobies para Sims2

Scoobies para Sims2

Frikismo sobre frikismo; doble capa.

Si sois "buffymaníacos" y los Sims también os tienen corroído el seso, no tenéis más que ir aquí y bajaros estos maravillosos personajes. Bueno... en realidad maravillosos no han quedado, pero, qué demonios, ¡son ellos!

Aquí al lado os pongo a Willow para que os hagáis una idea.

Odio cerval

Odio cerval

Me encanta cuando Arturo Pérez Reverte se enrrabieta y escribe sus columnas echando espumarajos de odio por la boca, soltando espadazos a diestro y siniestro, sin medirse, desbocado...

Por supuesto, me gusta especialmente cuando el objeto de sus dentelladas despierta en mí tanta repugnancia como en él. Y es que en su frontal brutalidad reconozco a mi "Hulk" interior, e incluso puede que me sirva de catarsis, serenándolo, satisfaciendo su sed de violencia "justa" sin necesidad de buscar yo mismo las palabras que plasmen ese asco.

Hoy Reverte se ha marcado este texto preñado de dulzura y calma. Y me ha dejado supertranquilo.

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JÓVENES LOBOS NEGROS.

Por Arturo Pérez Reverte

El Semanal (05/08/04, 08.35 horas)

Detengo el coche en un semáforo de la Castellana de Madrid, y miro a uno y otro lado los enormes bloques de cemento, acero y cristal con rótulos de bancos, financieras y cosas así, sintiéndome como el conductor del carromato de las películas de John Ford, ya saben, cuando la caravana cruza el desfiladero mientras suenan tambores comanches y los pioneros se tocan con aprensión la cabellera. Estoy parado en el semáforo, como les cuento, pero hay un buen pedazo de sol que se mete entre las torres altísimas e ilumina la calle, enmarcando en un rectángulo de luz a dos niños que caminan con sus mochilas a la espalda camino del cole, a una viejecita que cruza despacio, a un señor de pelo gris que lee el Marca y a una señora madura, guapa, que cruza con el paso firme y el poderío de quien tuvo, y retuvo.

Mientras espero con las manos en el volante, pienso que no está mal del todo. Me refiero a esto. Siguen mandando los de siempre, claro. Los que no dejaron de hacerlo nunca. Pero la vida continúa, los chicos se besan en los parques, a los obispos nadie les hace ni puto caso, gracias a Dios, y a lo mejor ese mensaka con cara de peruano que se para al lado con la moto, o la mujer de aire eslavo y ojos claros que espera el autobús, traen en su sangre y en su ambición y en su voluntad la solución biológica que cambiará al fin esta España vieja, egoísta, insolidaria, enferma, cantamañanas e ignorante.

A ver si hay suerte, me digo, y el indio y la ucraniana y el moro y el negro de color preñan a nuestras hijas y son preñados por nuestros hijos, rediós, y mandan a tomar por saco todo el tinglado de la antigua farsa y a los innumerables mangantes, demagogos y sinvergüenzas que viven de él, de trapichear con nuestra estupidez y nuestra vileza de casposo campanario de pueblo. A ver si los bárbaros cruzan en masa el Danubio otra vez y nos dan candela. La Historia demuestra que, a veces, de los incendios y el degüello nacen Venecias.

Estoy pensando en eso, más o menos, y hasta se me pone en la cara una sonrisilla, supongo. Como si el rectángulo de sol se hiciera más amplio y me iluminara también a mí. Entonces miro a la derecha y los veo salir del edificio de oficinas financieras. Son cinco hombres jóvenes que parecen troquelados en una máquina de fabricar ejecutivos: los mismos trajes oscuros, la misma clase de corbatas, la misma forma de peinarse, de caminar, de mirar, de imitarse unos a otros. Cantan de lejos, al primer vistazo. Teléfono móvil, ordenador portátil, inglés fluido, master aquí y allá, dinero en cualquiera de sus infinitas manifestaciones virtuales de ahora: plástico, impulsos electrónicos, fibra óptica.

Son killers en versión postmoderna, asesinos cualificados desprovistos de piedad y de sentimientos. Fríos como peces, tiburones de moqueta dispuestos a vender su alma por ser durante cinco minutos Michael Douglas en Wall Street. Parecen, me digo al verlos pasar, una manada de lobos jóvenes y crueles: asépticos, seguros, guapos o intentando serlo, dispuestos a devorarse entre ellos sin remordimiento, miembros de una religión implacable cuyo cielo es medio punto más en la bolsa, cuyo purgatorio es el índice de cada día, cuyo único infierno es el fracaso. Se creen una casta privilegiada. Una élite. Pero en realidad, contemplados uno a uno, no son nada: sólo la prescindible infantería de un ejército siniestro. Basta fijarse en sus zapatos. Tarde o temprano la mayor parte de ellos caerá, será devorada por su propio Saturno ajeno a la compasión, y al minuto siguiente estarán otra vez ahí, idénticos a sí mismos, goteándoles el colmillo, dispuestos a ejercer la depredación para la que son entrenados.

Por eso, al verlos cruzar ante mi coche ajenos a todo lo que no sea el próximo zumbido del teléfono móvil o la próxima cotización, mirando el mundo con el desprecio y la avidez de su ambición –el bono de rendimiento, el sueldazo, el coche de quince kilos, el chalet maravilloso, la mujer despampanante, las vacaciones caribeñas de cinco estrellas– siento que una nube oscura oculta el rectángulo de sol y que el día se vuelve gris. Y pienso que el mensaka peruano y la polaca de la parada del autobús y yo mismo, por mucho cóctel biológico y mucha imaginación que nosotros o nuestros nietos le echemos al asunto, nunca tendremos la menor posibilidad –nunca la tuvimos, y ahora menos que nunca– en manos de estos inmortales e implacables hijos de puta.

Dick Laurent is dead -David Lynch 4-

Dick Laurent is dead -David Lynch 4-

En “Carretera perdida” el virus que carcome la personalidad de su protagonista, Fred Madison, resulta ser los celos, la intuición obsesiva de un adulterio. Esta sospecha le empujará a una espiral disociativa de sí mismo y de la imagen (del concepto, en realidad) de la persona con quien comparte su vida, casa y cama. Tal paranoia originará en Fred una furia interior alimentada aun más si cabe por la insoportable condescendencia con que la propia Reneé trata la disfunción sexual de su marido. Todo ello irá convirtiendo su psique en una olla a presión cuya primera fuga será la grabación furtiva (¿por él mismo o su alter ego, esa emanación identificada como Hombre Misterioso?) de ciertas cintas de video en el seno de su hogar, escenario, al fin y al cabo, de un drama doméstico de prototípica banalidad.

Esa mirada externa que denotan las videograbaciones será el catalizador del nacimiento de esa segunda identidad capaz de realizar el horrible acto que anida en el subconsciente de Fred desde hace tiempo: el asesinato de su esposa. Así, el Hombre Misterioso (a quien en el último acto veremos enarbolando la cámara de video y grabando al propio Fred de frente (lo cual le identifica como el responsable de aquellas cintas, algo que Fred no hubiera podido hacer “en solitario”, es decir, con su yo consciente al descubierto, debido a su aversión hacia las videocámaras) funcionará como una suerte de brazo ejecutor, capaz de exterminar a esa mujer conocida/ajena, mentirosa... Capaz de llegar donde Fred no llegaría jamás, o, al menos, de facilitarle los medios para que él mismo lo haga. Por ejemplo, como cuando ese Hombre Misterioso acerca un cuchillo a Fred para que éste degolle a Mr. Eddy/Dick Laurent, mientras aquel graba impasiblemente lo ocurrido; plano éste particularmente informativo al presentar los dos “yo” de Fred, disociados, pero complementándose: uno asesinando, el otro registrando la realidad... Hechos ambos, inconcebibles para el Fred del comienzo del film, que, al final, acaban por materializarse gracias a la existencia del Hombre Misterioso.

Tras asesinar a su esposa, y sepultarlo en el olvido, incapaz de afrontar su acto, Fred será obligado por la ley a encarar lo que ha hecho, visionando incluso la cinta del asesinato, en la cual (aunque al espectador se le escamoteen dichas imágenes) aparece él descuartizando a Reneé. Al reconocerse a sí mismo como homicida, Fred sufrirá durante su estancia en prisión la caída en un infinito abismo mental, del cual logrará salir gracias a una fuga psicogénica; es decir, el mecanismo a través del cual Fred se construye no sólo otra identidad virgen de culpa, sino toda una nueva realidad a la medida en la cual insertar ese nuevo “yo”.

¿No existía Pete Dayton antes de que Fred Madison lo necesitase como receptáculo, como escapatoria a su tormento? Es difícil afirmarlo por muchas veces que se visione el film. Podría decirse, eso sí, que ello no afecta a la lectura básica de la historia. Si Pete ya era una persona determinada, es decir, si el mundo del segundo acto de “Carretera perdida” es EL MISMO que el del primero, si no sucede todo en la cabeza de Fred... entonces, la fuga psicogénica podría interpretarse como el robo de un cuerpo, la irrupción del acorralado Fred en una identidad ya existente: la de Pete. Los “flash-backs” nunca aclarados de lo que ocurrió aquella noche, y lo que vieron la novia de Pete y sus padres, podrían conducir también a esa interpretación. Ahora bien, tal lectura también impondría a la narración ciertas necesidades, digamos físicas, corpóreas, que a medida que avanza el segundo acto y van surgiendo en la vida de Pete ciertos elementos de la de Fred (la música de la radio, la aparición de Alice, la otra Reneé, el propio Hombre Misterioso...) conducirían la trama hacia una cierta convencionalidad “fantastique”. Cuando lo cierto es que Lynch siempre se ha inclinado más hacia la creación de paisajes internos férreamente autojustificados que hacia la descodificación genérica, por muy original que esta llegue a ser.

En cualquier caso, objetiva o subjetiva, la trama del segundo acto de “Carretera perdida” acaba dónde se podría esperar en su autor; en la desintegración de la mentira, la caída de la máscara, la inevitable reaparición de Fred, tras haberse demostrado inoperante la presencia de Pete. Y es que su fracaso metafísico-amatorio hacia Reneé-Alice en la envolvente aunque desoladora escena sexual en el desierto resulta otro importante nudo significativo.

Una vez de vuelta, Fred afronta un tercer acto que no es sino la asunción simbólica de lo que, suponemos, ya ocurrió en el primero, aunque sin haber sido interiorizado entonces por su yo consciente (y, por tanto, sin haber sido presenciado por el espectador, que siempre acompañó subjetivamente a Fred/Pete). Por fin el adulterio parece una certeza definitiva, contrastada. Y ahora comprobamos como Fred, presa de su furia y con la ayuda del también reaparecido (todavía tiene un importante papel que jugar) Hombre Misterioso asesina a Dick Laurent (¿Acaso no resulta Mr. Eddy una encarnación simbólica de Dick Laurent en el mundo diseñado por la mente de Fred a la medida de su personaje-refugio Pete Dayton?). Decirse finalmente a sí mismo, a través del portero automático, que “Dick Laurent ha muerto” no parece sino el acto definitivo de autoconciencia que Fred dedica a su recién asumido yo desdoblado, antes de emprender su huída eterna en esta historia extrema de autorechazo y disociación con estructura de banda de Moebius. Un acto cuya única salida, insisto, no puede ser otra que la fuga interior eterna, acosado para siempre por esa realidad simbolizada en los policías perseguidores que, suponemos, jamás lo lograrán atrapar.

La suite del morbo

La suite del morbo

La suite del hotel St. Francis de San Francisco en la cual Roscoe "Fatty" Arbuckle (supuestamente) realizó en 1921 las atrocidades sexuales que arruinaron su carrera, resulta hoy un preciado objetivo entre los "morbonáutas". Numerosos conocedores de la sórdida historia de Fatty y sus hazañas con las botellas de soda están dispuestos a pagar los 1.150 dólares que cuesta alojarse allí una sola noche. Aunque la dirección del hotel no hace nada por promocionar dicha suite, ni en sus folletos figura referencia alguna al escándalo de Fatty, la lista de espera de turistas deseosos de dormir allí es enorme.

Más detalles aquí.

El Fantomas mexicano

El Fantomas mexicano

Mi descubrimiento del célebre archicriminal creado por Pierre Souvestre and Marcel Allain no vino de beber directamente de sus fuentes literarias, o de los maravillosos seriales fílmicos dirigidos por Louis Feuillade, sino (¿podía ser de otra forma?) de los tebeos publicados por Editorial Novaro a partir de los años 60.

Adaptando con notable bizarría las características del personaje original, las aventuras del Fantomas viñetero se caracterizaron por su demencial narrativa y su desprejuiciada mezcla de influencias genéricas. De los “fumetti” de la época protagonizados por supervillanos enmascarados como Diabolik o Kriminal absorbió cierto sadismo “sexy” típicamente mediterráneo, de los luchadores mexicanos como Santo, Blue Demon, etc, el comic de Fantomas se nutrió a la hora de brindar referentes locales, de los superhéroes norteamericanos (sobre todo Batman) pilló “gadgets” y clichés argumentales, de los largometrajes de superespías tan de moda tras el éxito de James Bond imitó el “glamour” cosmopolita… sin renunciar, eso sí, a mantener vivas las referencias más afrancesadas: el rollito aristocrático y de “ladrón de guante blanco”, el arte y la cultura como frecuente telón de fondo, la paranoia alrededor de malignas corporaciones secretas, tan típicamente europeas...

En fin, que aquello era un despiporre importante, capaz de crear tal costra en un cerebro infantil que te dejaba listo para, a partir de entonces, no escandalizarte ya con nada. Ay, Novaro, cuánto bien nos hiciste (creo...).

Nessie Vs. Herzog: cuando las leyendas chocan

Nessie Vs. Herzog: cuando las leyendas chocan

En el verano de 2003 el irrepetible cineasta Werner Herzog llegó al lago Ness con la intención de dirigir un documental sobre el mito de la supuesta criatura prehistórica que vive bajo sus aguas. Su título iba a ser “Enigma of Loch Ness”. Paralelamente, John Bailey (director de fotografía de films como “Silverado” o “Mejor imposible”) se encontraba siguiendo a Herzog para dirigir otro documental sobre su vida, su carrera… y su leyenda, claro.

Lo que ocurrió allí fue una suma de peripecias y desastres de tal magnitud que finalmente ni uno ni otro proyecto llegó a buen puerto. Pasado el cataclismo, el productor de “Enigma of Loch Ness”, Zak Penn (guionista de “El último gran héroe”, “X Men 2” y “Electra”) decidió reunir todo el material disponible sobre lo ocurrido y dirigir él mismo un nuevo documental titulado “Incident at Loch Ness”.

El 10 de agosto en la Cinemateca de Los Angeles se exhibe por primera vez esta película, de la cual ya se comenta que resulta delirante, divertida, triste y aterradora al mismo tiempo. No os hacéis una idea de las ganas que tengo ya de verla.

No entenderé de Arte pero sé lo que me gusta

No entenderé de Arte pero sé lo que me gusta

En este link están a la venta los, ejem, curiosos óleos de la artista Kirsten Johnson, consistentes en retratos de guiñoles hechos con calcetines.

Cuando Batman no se la veía al mear

Cuando Batman no se la veía al mear

Pues sí, amigos… no sólo el héroe de Metropolis pasó por una etapa de “cintura tonel” (véase mi anterior “post”, “Cuando Superman estaba gordaco”).

También el Señor de la Noche, el Detective de Gotham tuvo sus días de barrilete. Por supuesto, hay que remontarse a los años 50 del pasado siglo hasta dar con aquella época en que los superhéroes se excedían en su alimentación. En el caso de Batman, el más inolvidable artista que le dibujó fanegas fue Dick Sprang.

Al igual que otros talentos como Jerry Robinson o Bill Finger, Sprang, maestro del expresionismo popular y del diseño robusto, fue uno de los perjudicados por el “vedettismo” del creador del personaje, Bob Kane, tacaño a más no poder a la hora de reconocer las aportaciones de sus colaboradores (todos ellos mejores escritores y dibujantes que él, como suele pasar en estos casos).

Fugitivos del Yo -David Lynch 3-

Fugitivos del Yo -David Lynch 3-

Cuando creas que algo no va bien, recuerda lo que Pancho le dijo a Cisco kid: "Larguémonos antes de bailar en la cuerda floja y sin música”. Sailor a su hijo en “Corazón Salvaje”.

Todos los films de Lynch sobre los cuales ha tenido absoluto control ilustran una misma situación dramática, resuelta, además, de manera casi idéntica: La construcción por parte del protagonista de una quimera habitada por determinadas figuras simbólicas, en cuyo seno éste consigue diluir en principio las consecuencias psicológicas y emocionales de algo demasido horrible para ser aceptado de forma consciente. No obstante, de manera inevitable, eso tan horrible irá poco a poco comiendo terreno a la sublimación autodefensiva del trauma, a toda esa labor teórica de creación de máscaras internas, para terminar finalmente saliendo a la luz, explotando a veces de forma violenta, hecho casi siempre acompañado de un último acto redentor: la fuga interior del protagonista hacia un segundo estrato de conciencia, otro mundo de placidez sincrética que tampoco existe más que en su cabeza, pero en el cual la simbología imperante ahora sí parece destinada a funcionar como ajuste mental definitivo.

Este resulta el esquema de “Cabeza borradora”, si analizamos las funciones dramáticas del Hombre del Planeta y de la Chica del Radiador. Pensemos en aquel Henry agobiado por las obligaciones familiares y la paternidad no deseada, incapaz de comunicarse con el prójimo, prisionero de su hermético código gestual, confinado en su apartamento claustrofóbico y, sin embargo, enfermizamente acogedor. ¿Acaso no se puede contemplar la existencia del Hombre del Planeta como una creación de Henry destinada a evidenciar su deseo no consciente de romper con todo? Mitad demiurgo, mitad guía íntimo, ese Hombre del Planeta, deforme (¿perverso?) asfalta el camino de la obsesión de Henry respecto a la monstruosidad de su hijo. Aunque no hay que dejar de advertir lo neutro que resulta en todo momento el comportamiento del bebé, su pasividad, balidos nocturnos incluidos, nunca resulta más extraña que la de cualquier recién nacido normal.

Dicha obsesión alimentada, dirigida por ese maestro de ceremonias en la sombra que es el Hombre del Planeta dejará vía libre al protagonista para su egoísta catarsis asesina y posterior inmersión en el anhelado mundo de debajo del radiador (su Oz particular), donde la figura idealizada de turno, la cantarina y siempre sonriente Chica del Acné, lo comprende (siempre parece haberlo hecho), y lo acoge amorosamente, tras su horrible acto.

En “Terciopelo azul”, sin embargo, esta misma ruta psicológica adquiere trazo circular al concluir Jeffrey en una situación que incluso podríamos considerar una suerte de precuela de “Cabeza borradora”. Esto es, destinado (condenado) a permanecer junto a Sandy (¿una Mary X adolescente?) y a reproducir a partir de ahí, con banal carencia de drama, cuantos prosaicos traumas acosaban a Henry.

“Corazón salvaje”, por su parte, ilustra, al menos en un primer momento, cierta inyección de aire en todo este esquema narrativo enroscado en sí mismo. Así, la peripecia de Sailor y Lula resulta, por vez primera en una película personal de Lynch, un argumento que consigue respirar algo; un itinerario aparentemente exterior, "de carretera", si bien también aquí el esquema de fondo permanecerá, en último término, casi inalterado, con la confirmación de que nos hallamos, de nuevo, ante una huida sobre todo mental, en esta ocasión hacia un intuido, vislumbrado, pero siempre lejano mundo de Oz (la aparición final del Hada Buena aconsejando a Sailor explicita como pocas veces en su filmografía la naturaleza emblemática del relato).

La huída carreteril de la pareja consigue cumplir, por tanto, de forma física y ortodoxamente dramatizable, la función que en otros films suyos correspondía a esas escapatorias interiores hacia mundos propios, no representables desde un punto de vista objetivo. Y la persecución a que les somete Marietta, la madre-bruja de Lula, vendría a ser lo que en otras películas cumplen esas “verdades” del pasado o del presente que se pretenden ocultar a toda costa: la violación infantil de Lula y su posterior aborto, el incesto latente de Sailor con Marietta...

En cuanto a Bobby Perú no cuesta identificarlo como otro de esos característicos “personajes-cuña” lynchianos, cuya pavorosa escena de sexo sublimado verbalmente con Lula, cumple también esa función de desvanecimiento de la capa de ilusión creada por los protagonistas. En este caso, arrojando a la cara de Lula otra terrible realidad: su debilidad sexual, su oscura querencia a la dominación, su aceptación última de convertirse en humillante objeto pasivo de una satisfacción externa que revierte, con vergüenza y horror, en placer propio.
Por su parte, Sailor teme una cosa por encima de todas: la pérdida de su libertad y su individualidad (simbolizada por su chaqueta de piel de serpiente), lo mismo que perdía Henry a consecuencia de su unión con Mary X y, sobre todo, desde la llegada del bebé. Y también lo mismo que perderá Jeffrey Beaumont si prosperan sus lazos con esa ambigua aprendiz de mantis que es la -¿todavía?- pequeña y convencional Sandy). Libertad e individualidad, en suma, que Sailor perderá cuando sus espectros del pasado, confabulados alrededor del asesinato absurdo que presenciamos al comienzo del film, y vueltos a materializar para alcanzarle durante el fallido robo (y posterior masacre) orquestado por Bobby Perú, lo lleven a la cárcel, obligando a este adolescente rebelde ya un poco pasado de fecha a convertirse en un recluso más, a vestir como todos...

Perú sería, pues, algo así como la proyección negativa de esa serpiente interior (simbolizada en el propio origen y aspecto de su chaqueta) que tentará a Sailor empujándole hacia el abismo, sirviendo de válvula de escape a su otro demonio interior: el delito, la violencia, lo antisocial... Un abismo que debe superar para llegar al indeseable “otro lado”: el de la vida adulta responsable, en dónde caben mujer e hijos, pero nunca rock & roll y americanas de piel de serpiente.

Marietta y Bobby Perú resultan personajes paralelos, idénticos en sus funciones dramáticas respecto a Sailor y Lula: dos monstruos que sirven para enfrentar a ambos protagonistas con sus fantasmas internos, ejerciendo de pivotes oscuros, de tercer vértice desequilibrador, pero necesario, en sus relaciones, tal y como anteriormente resultaron ser también la apetecible (y atormentada) Vecina de Enfrente en “Cabeza borradora”, la atormentada (y apetecible) Dorothy Valens en “Terciopelo azul”, o ya en el colmo de la esquizofrenia, la doble mujer-símbolo morena-rubia Reneé-Alice, repleto saco de fantasmas femeninos (desde la óptica masculina, claro, de ahí su inevitable lectura misógina, tan lynchiana por otro lado) en “Carretera perdida”.

El pasaje previo a la conclusión de Corazón salvaje, con Lula acudiendo al encuentro de Sailor con su hijo, puede ser interpretado o bien como una vuelta al comienzo de “Cabeza borradora” o cómo una redefinición (hasta cierto punto positiva, madura, adulta... dudosa) de la idea de paternidad (¿Cuándo tuvo Lynch su segundo hijo? ¿Debemos suponer que las circunstancias de este nacimiento fueron más positivas que la primera ocasión?)."

Silencio, se rueda

Silencio, se rueda

Os contaré un secreto: yo quiero dirigir largometrajes.

"¡Vaya churro de revelación!", diréis. "¡No hay ningún guionista que no quiera saltar a la dirección!". Pues os equivocáis. Yo conozco unos cuantos que están felices y satisfechísimos de quedarse frente al ordenador escribiendo escenas que luego otros (productores, directores, actores...) utilizarán como base para sus respectivas aportaciones. Pero, ya digo, no es mi caso, ni el de David Muñoz, mi compinche de escritura. Ambos queremos llegar a dirigir nuestros guiones de largometraje, no estar toda la vida suministrando historias a otros, para que las plasmen en imágenes bien o mal (y eso que nosotros hasta la fecha hemos tenido suerte en ese sentido).

Hace dos años dirigimos nuestro primer cortometraje, titulado "De potra" (véase la foto) y el resultado nos dejó lo bastante satisfechos como para, desde entonces, insistir en nuestro empeño de pasar al largometraje. Por desgracia, hasta ahora hemos estado dos veces a punto de ver cómo nos daban luz verde para sendos proyectos como directores, aunque en ambas ocasiones la cosa terminó paralizándose. El mundo de la producción está muy duro, y el cine español pasa por un momento no precisamente boyante. Ahora mismo tenemos otro proyecto en una fase decisiva, y de aquí a unos meses sabremos si, por fin, nos convertiremos el año que viene en directores de largos o tendremos que seguir perseverando.

Volviendo a "De potra", la experiencia fue dura pero muy, muy enriquecedora. De los tres días de rodaje de los que disponíamos finalmente perdimos casi una jornada entera debido a diversos accidentes e imprevistos. Por ejemplo, los problemas familiares de un miembro clave del equipo nos retrasó muchísimo el trabajo de dos de las tres jornadas. Para colmo, el tercer día nos robaron el camión del grupo electrógeno, tras lo cual perdimos medio día en conseguir otro, cosa que no fue nada fácil dado que era domingo. Por supuesto, prolongar el rodaje un día más era imposible por cuestiones presupuestarias, de modo que, gracias a la entrega del equipo (y muy especialmente a nuestro director de fotografía Unax Mendia, un joven monstruo de la luz destinado al Olimpo) terminamos rodando "lo justo" para llegar cubiertos al montaje. Y pese al "stress", todo acabó bien. Dicen que dirigir consiste en ir muy bien preparado, para luego, cuando empiezan a surgir problemas, acabar improvisando sobre la marcha y solventarlos lo mejor posible. Desde luego, ese fue nuestro caso.

Posteriormente, hemos dirigido otras "cosillas", pero no en 35mm sino en video. Aunque eso es otra historia...

Aquí os dejo la ficha de "De potra", por si algún día os cruzáis con él en algún pase televisivo, que sepáis que es nuestro. Ah, y pienso sinceramente que es un cortometraje monstruosamente bueno; lleno de sorpresas, humor, con un ritmo sostenido y un "crescendo" dramático modélicos que lo convierten ya en un pequeño clásico del género negro español. Lo digo desde fuera, claro, como un observador imparcial.

DE POTRA
Duración: 14'. Dirección y guión: David Muñoz y Antonio Trashorras.
Producción: Trafico de ideas. Productores: Piluca Baquero, Jorge Iglesias.
Fotografía: Unax Mendia. Montaje: Julia Juaniz. Sonido: Jaime Barros
Dirección Artística: Luis Santias. Intérpretes: German Montaner, Janfri Topera, Victor Clavijo.

Sinopsis:
Dos matones de barrio, el veterano "Ducados" y el novato Toñín, deben entrar en un prostíbulo que le hace la competencia al de su jefe. Su encargo consiste en meter apenas un par de tiros para asustar a las chicas y los propietarios. Por desgracia, a Toñín, que era el encargado de traerlas, se le han olvidado las balas. El tiempo corre en su contra y no pueden permitirse fallar en la misión de esa noche.

St s el fturo d l ltratura

St s el fturo d l ltratura

“BOOM” EN JAPÓN
Libros para móviles.

EFE

TOKIO.- La gran popularidad alcanzada entre los jóvenes por una novela romántica publicada únicamente en los teléfonos móviles, ha despertado el interés de las operadoras de telefonía y del propio mundo editorial, que se ha volcado a esta nueva modalidad de literatura para salvarse de la fuerte caída de ventas de libros.

'Deep Love' es el título de una de las primeras novelas románticas publicadas exclusivamente para leerse en las micropantallas de los teléfonos móviles, cuyo éxito ha quedado demostrado al haber sido 'leída' por algo más de 20 millones de personas en el portal electrónico, informa el corresponsal de EFE en Japón Junko Takahashi.

La facturación de libros lleva cayendo por una pendiente desde hace siete años y se considera que la principal razón es la creciente difusión de Internet y la telefonía móvil. Pese a sus reticencias, las editoriales se han unido a la tendencia para aprovechar ambos medios en un intento de restaurar la grave situación que padecen.

Cuando un lector tiene acceso a los servicios editoriales de un portal de Internet, donde se exponen hasta 20 novelas de variedad de géneros, desde novelas románticas hasta policíacas, puede seleccionar todo lo que quiera por 300 yenes (unos 2,7 dólares) al mes.

Las novelas se publican en una serie diaria o semanal, con unas 2.000 letras en cada entrega, y con un sistema automático para retomar la lectura en el lugar dejado en último lugar, que evita las engorrosas búsquedas.

La editorial Shincho, una de las principales de Japón, considera positivo la existencia de novelas para los teléfonos móviles, ya que ha conseguido 30.000 abonados a su servicio desde que lo lanzó hace dos años. "Las personas que más utilizan los móviles son las mujeres, las adolescentes y de 30 años de edad. Y en realidad, el 70% de nuestros abonados son mujeres de esa generación, por eso ellas son nuestro objetivo," dijo a EFE Takuo Murase, portavoz de la editorial Shincho.
La clave del éxito de las "móvilnovelas" está en sus frases simples y contenidos fáciles. "Una novela así debe ser fácil de leer, ya que si el contenido es tan complicado que obligue a volver a la página anterior para releer, como contenido no sirve para los móviles", añadió Murase.
Así, las novelas históricas que reflejan muchos nombres propios y una historia complicada, no son adecuadas para leer en los móviles. Sin embargo, las novelas policíacas han demostrado tener bastante éxito, y también las románticas, que consiguen muchos "accesos" debido al gran número de las lectoras.

Esta forma de lectura se ha adaptado como anillo al dedo a los nuevos estilos de vida de la gente moderna, no dispuesta a malgastar tiempo.
Según una encuesta de la editorial Shincho, la gente lee la "literatura móvil" en el metro y antes de dormir en la cama, gracias a la luz propia de la micropantalla del teléfono móvil, lo que permite leer en la oscuridad sin molestar al vecino, o incluso mientras se lleva al bebe en brazos.

A pesar de que ciertos escritores rechazan las novelas para móviles por su simplicidad, argumentando que prescinden del verdadero sabor de la literatura, basado en la riqueza de la variedad de expresiones, las novelas de móviles son un desafío para las editoriales con el que esperan recobrar a los lectores.

"En la actualidad, la generación de lectores está envejeciendo y muy pocos jóvenes leen libros. Con las novelas para móviles creo que por lo menos los adolescentes se podrán acostumbrar a leer literatura. Y así su interés se extenderá luego hasta los libros impresos," comentó Murase.

Matemática rasta

Matemática rasta

Fascinante este link en donde se expone el estudio de la matemática Gloria Gilmer, encaminado (ojito) a establecer relaciones entre las tendencias en el peinado de la comunidad afroamericana y ciertos patrones matemáticos.

Peluquería y fractales unidos por el interés académico.

En palabras suyas: "The main objective of my work with black hair is to uncover the ethnomathematics of some hair braiders and at the same time answer the complex research question: "What can the hair braiding enterprise contribute to mathematics education and conversely what can mathematics education contribute to the hair braiding enterprise?" It is clear to me that this single practical activity, can by its nature, generate more mathematics than the application of a theory to a particular case."

Di que sí, Gloria. Adelante con ello...

El enigma del lugar -David Lynch 2-

El enigma del lugar  -David Lynch 2-

Segunda entrega de mi libro inédito sobre David Lynch.

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“Te eché mucho de menos en el correccional. Pero la forma en que te funciona la cabeza sigue siendo un misterio para mí”. Sailor a Lula en “Corazón salvaje”.

Ya desde “Cabeza borradora”, en todas las películas “personales” de Lynch hallamos, de manera exacerbada pero también oscurecida por lo bizarro de su exposición, tanto:

A) Una galería de tipos, de personajes/instrumentos (sobre todo, El Hombre del Planeta y La Chica del Radiador, aunque, de hecho, habría que añadir también a La Chica de la Puerta de al Lado, y hasta a Mary X), cuya función en su obra de ahí en adelante siempre será, por un lado, de desestabilización y, por otro, de motor de ajuste psico-emocional para los protagonistas; como:

B) Una serie de constantes argumentales (el trauma primigenio, el desasosiego ligado a un sitio y una situación, la fuga hacia adentro, el estallido liberador, y, por último, la violenta resolución desarticuladora) que reaparecerán una y otra vez en la filmografía de Lynch.

Centrándonos en la más recurrente fauna lynchiana: ¿Podría ser el Hombre del Planeta para Henry lo mismo que el asesino Bob representa para Leland Palmer en “Twin Peaks”? ¿O equivalente al Hombre Misterioso de Fred Madison en “Carretera perdida”? Es decir, emanaciones psíquicas del personaje principal que, por un lado, asumen la culpabilidad de un hecho lacerante llevado a cabo por éste, y, por otro, actúan en sus mentes como señales de alarma de que “algo” no debería ser así, de que “algo” no funciona bien; sus apariciones no son sino luces de alarma (intermitencias rojas, aullidos estridentes...), síntomas, en definitiva.

Ahora bien, este desentrañamiento del significado y la función última de dichos personajes simbólicos nos devuelve a lo que podríamos llamar el Enigma del Lugar en la obra de Lynch, o cómo también apuntábamos al principio, la fijación de un punto de referencia válido para todo lo expuesto en cada una de sus películas; punto de referencia que, por muy ortodoxa que en apariencia resulte la narrativa de algunos de sus títulos (y si se mira con detenimiento, “Cabeza borradora” resulta, en realidad, uno de los más lineales), siempre se manifiesta verdaderamente elusivo. Y es que, los protagonistas de todos los films digamos personales de David Lynch (“Cabeza borradora”, “Terciopelo azul”, “Corazón salvaje”, “Fuego, camina conmigo” y “Carretera perdida”) habitan un lugar, una totalidad, un mundo que constituye su burbuja, un hábitat cerrado que los contiene y los aprisiona (aparentemente), aunque también, en cierto modo, los da sentido.

Por ejemplo, en “Cabeza borradora” parece claro que existe un planeta y que ese planeta contiene una zona industrial, y que allí dentro hay un edificio y que, en las entrañas del edificio, acabamos encontrando una habitación. Círculos concéntricos de agobio que acabarán fijando la acción en ese recinto que, no obstante, presentaría cualidades paradójicamente uterinas (esto es, acogedoras) siempre y cuando Henry consiguiese permanecer, por siempre jamás solo y tranquilo en él, sin sufrir hostiles invasiones externas (interprétese esto como simple irrupción de la vida real).

Siguiendo cronológicamente la filmografía de Lynch como autor total (es decir, dejando “El hombre elefante” y “Dune”, como obras quizá menos ilustrativas de sus constantes) hallamos, por ejemplo, que en “Terciopelo azul” ese recipiente narrativo resulta ser todo un pueblo, Lumberton, aunque desdoblado en dos realidades complementarias y excluyentes: la diurna y la nocturna; mientras que en “Carretera perdida”, auténtico compendio de todo su cine, volvemos durante su primer tercio al panorama ensimismado y autista de los pasajes más angustiosos de “Cabeza borradora” a través de la viciada vida del matrimonio Madison en su lóbrego domicilio, para, más tarde, tras la “fuga psicogénica” del protagonista, penetrar en un remedo sombrío, mortecino y urbano de “Terciopelo azul”, de la mano de un atribulado personaje adolescente (), a mitad de camino entre el Jeffrey de “Terciopelo azul” y el Sailor de “Corazón salvaje”, de nuevo acosado por las fuerzas del mal y tentado por una “femme fatale” (Patricia Arquette) arquetípica, repleta de secretos, problemas y ambigüedades.

Escrutar la forma en que Lynch maneja todas estas “personas narrativas” también resulta aleccionador siempre que no nos despeñemos por una espiral interpretativa demasiado autoalimentada. Veamos: “Cabeza borradora” podría ser contemplada como un película en primera persona, teniendo en cuenta aquel plano inicial de la cabeza de Henry flotando; “Terciopelo azul” tampoco sería descabellado considerarla como una película interiorizada por el protagonista, a partir, eso sí, del crucial plano simbólico en que el espectador penetra en la oreja seccionada. “Corazón salvaje”, por su parte, presenta de idéntica forma una hendidura clara en su exposición desde el momento en que Sailor y Lula llegan al pueblo de Big Tuna; hiato dramático donde parece estancarse si no el relato, sí su “movimiento”, dentro de ese motelucho en el cual, primero, Lula descubrirá su embarazo y, segundo, Sailor caerá en las redes criminales del infernal Bobby Perú (otro típico “personaje cuña” lynchiano, si bien, éste se encuentra emparentado con otra estirpe, la de los demonios tipo el Barón Arkonen, Frank, Mr. Eddy o el propio Killer Bob). El movimiento se interrumpe, por tanto, allí, en Big Tuna, y en particular en las tripas de ese desasosegante motel (pronto invadido por el hedor del vómito de Lula), donde ambos personajes afrontarán sus propios monstruos, proyeccciones de ellos mismos, encarnados de forma coincidente en la abyecta figura de Bobby Perú (¿Podría ser Big Tuna, por tanto, la cabeza de Sailor y Lula una vez extraviados de la ruta sobre baldosas amarillas que les estaba conduciendo al mundo de Oz?).

En cuanto al puzzle de “Carretera perdida” lo más sensato es dejarse llevar todo lo posible por la (ya de por sí escasa) literalidad de lo narrado y asumir la primera parte como fruto, en líneas generales, de una tercera persona narrativa, y la segunda como un primera persona del ya evadido psicogénicamente Fred Madison.

Según esta aproximación al corpus lynchiano, establecer el lugar donde transcurre cada film, resulta algo muy parecido a identificar (y, por tanto, desde ahí, empezar a entender) su voz narradora; es por ello que detectar el punto de vista esgrimido en cada caso puede resultar para el espectador una brújula adecuada para moverse por el paisaje narrativo desplegado, aunque de manera fragmentaria, en el mencionado quinteto de películas.

NOTA: Hay que añadir que esa identificación espacial del lugar en el que ocurre todo con el paisaje mental del protagonista es aplicable también al espectáculo teatral “Industrial Symphony Nº1”, donde todo el escenario no es sino el caótico interior de un corazón roto de amor (como avisa el subtítulo de la obra y la propia escena que lo abre en la cual Nicolas Cage y Laura Dern rompen por teléfono).

Amor bajo la piel.

Amor bajo la piel.

Les Rayons et les Cochons es una muestra de radiografías pornográficas del artista plástico Wim Delvoye. Básicamente se trata de primeros planos de escenas amatorias pero tomadas con rayos X. Algunas imágenes dan mucha cosica.

Una historia verdadera

Una historia verdadera

En 2002 David Muñoz y yo estábamos escribiendo una película de terror para el director Isidro Ortiz.

Su título provisional era “Sangre”, iba de vampiros (lo sospechabais, ¿eh?) y las productoras con las que estábamos trabajando eran Fausto Producciones e Impala PC. Isidro acababa de estrenar su primer largometraje, “Fausto 5.0”, también conocido como “la peli de La Fura del Baus”. Las relaciones entre nosotros y él eran buenas, y alguna que otra fricción creativa aparte, lo cierto que es que nos encontrábamos en un momento de bastante optimismo respecto a las posibilidades de llevar a buen puerto el proyecto de “Sangre”.

Entonces, ocurrió algo... Ramón Vidal, productor ejecutivo de Fausto, nos propuso aparcar durante un tiempo la escritura del largometraje y centrarnos, también junto a Isidro, en la creación de un telefilme (o “tv movie” o “telemuvi”, como dice jocosamente un amigo), que sirviera de episodio piloto para una serie de casi segura e inmediata venta a Tele 5. El encargo consistía en que David y yo diseñáramos una “biblia” (es decir, unos personajes fijos, unas situaciones de base...) que sirviera para un posterior desarrollo en capítulos, y escribiéramos el primer guión, el cual dirigiría Isidro. ¿El concepto de la serie? Los casos del equipo de la Policía Forense de una comisaría de Barcelona. En aquellos días, la serie “C.S.I” no era ni mucho menos el bombazo que es hoy en España, y todavía no se emitía en Tele 5, sino solamente en el canal de pago “AXN”. Es decir, la conocían cuatro gatos.

El encargo por parte de Ramón, aprobado por Isidro tras ver varios capítulos de “C.S.I”, era que nos ajustáramos al mismo tono de la serie norteamericana. Es decir, mucha documentación de investigaciones forenses reales, ambiente frío y profesional, escaso desarrollo de las tramas reales de los protagonistas y, sobre todo, un ritmo vivísimo, y mucho efectismo.

Nuestra otra obligación era inspirarnos, pero no clonar, la sórdida historia real ocurrida años antes y conocida como “Los asesinatos del rol”. Muchos la recordaréis. Leer los documentos de la época que detallaban lo ocurrido nos proporcionó horas y hora de mal rollo, os lo aseguro.

Con esas premisas David y yo creamos la mencionada “biblia” (es decir, los inventamos los personajes, el entorno, todo...) y, a continuación, pergeñamos el argumento de esa primera aventura de nuestros investigadores. Los problemas comenzaron cuando las fechas se nos empezaron a echar encima. De manera algo suicida nos convencimos de que el encargo se podía realizar en apenas dos meses, y tenerlo listo para presentar en Tele 5 durante aquel verano. Fue imposible. La escritura avanzaba lenta. El tiempo invertido en documentación forense era necesariamente abundante, y, para colmo, nuestra relación creativa con Isidro comenzó a ser bastante más complicada que en los meses previos de escritura de “Sangre”.

Las necesidades de contar con una estructura narrativa a prueba de bombas, además de con detalles de investigación forense creíbles y comprensibles para el público, chocaban una y otra vez con la tendencia natural de Isidro (y de tantos otros directores) a la inclusión de material narrativo en función de caprichos visuales personales, o momentos dramáticos especialmente de su gusto. Las prisas, las tensiones y la divergencia de objetivos entre Isidro y nosotros hicieron que finalmente el proyecto nos estallara en las manos.

La ruptura con Isidro fue amarga, y motivada fundamentalmente por negarnos a trabajar en condiciones de presión que nos parecían nocivas para el resultado, y, sobre todo, por la tendencia cada vez más acusada del director a considerarnos meros “mecanógrafos” cuyo trabajo era modificar todo lo que no la satisfacía mediante el método del puro dictado. En el momento de abandonar “La escena del crimen”, pues ese era el nombre provisional que manejábamos para el telefilme, contábamos con una primera versión de guión, muy necesitada de tijeras, ya que en tiempo de pantalla hubiera dado lugar, más o menos, a dos horas y pico de duración.

Tras salirnos del proyecto, supimos que Isidro realizó la última versión del guión junto a José Luis López, el ayudante de dirección contratado en la fase de preproducción (que, dado el ritmo irracional al que se trabajaba, se había solapado con la finalización de la escritura). “La escena del crimen” pasó a titularse “Jugar a matar” y se rodó con Lucía Jiménez, Andoni Gracia, Juan Fernández y Carmen Elías como protagonistas. Cuando vimos el telefilme meses después durante su estreno en Tele 5 nos dimos cuenta que el 90% del material escrito por nosotros estaba allí, y que la última versión realizada sin nosotros lo que había servido era para comprimir situaciones, afinar elipsis y eliminar alguna subtrama accesoria, llegando de esa forma a un metraje adecuado.

Por cierto, “Jugar a matar” obtuvo un excelente resultado de audiencia, hasta el punto de que, finalizado el año, era (hablo de memoria) el sexto programa más visto de toda cadena.

No podemos decir que estemos insatisfechos con el resultado final, aunque es obvio que resulta muy difícil para nosotros contemplar “Jugar a matar” sin revivir los sinsabores de su escritura. Y más teniendo en cuenta que el deterioro de nuestra relación creativa fue tan lejos que, a continuación, todos nos dimos cuenta que era imposible volver a sentarnos para terminar “Sangre”. De ahí que ese proyecto también se nos fuera de las manos, quedándose en terreno del director, quien desde entonces ha contratado a otros guionistas para terminarlo como él quiere... y con un nuevo título.

Hace poco "Jugar a matar" salió a la venta en DVD, por el módico precio de 9’95 euros, y con un documental sobre el caso real de los asesinatos del rol como “extra”. Yo no me lo he comprado porque sigue dándome algo de tristeza ver la carátula, si bien tengo una cinta de video, que nunca he visionado, y que mi madre grabó amorosamente durante su emisión. Para mi familia el ver mi nombre en pantalla fue un motivo de orgullo enorme, claro. Y, bien pensado, en el fondo, quizá sólo por eso ya compensara todo aquello...

(Si hay por ahí aspirantes a guionistas, o degustadores de anécdotas del ambiente fílmico, no tenéis más que pedirme que cuente más batallitas como esta: tengo un contenedor lleno).

Radar de tendencias

Radar de tendencias

Como hasta hace apenas unos días mi conexión a Internet iba a pedales no podía acceder a los voluminosos contenidos de Nomagazine, la interesante revista electrónica dirigida por Manuel Bartual.

Ahora, gracias a mi ADSL, me siento poderoso y para celebrarlo me he bajado en un pis pas los últimos números (ya va por el 7). Nomagazine está dedicado fundamentalmente a lo gráfico (diseño, ilustración, historieta, fotografía...) y sus contenidos son eclécticos y estimulantes, tanto en el apartado nacional como internacional. A destacar sus entrevistas y/o portafolios dedicados a gente como Yuko Shumizu, Javier Aramburu, Hope Larson, Donald Dixon...

Es muy buena cosa el Nomagazine, de verdad. Se te pasa el tiempo volando "cliqueando" su páginas.

Secretos en un muro

Secretos en un muro

Esta es la crítica que hice en la revista "Fotogramas" de una película que me enloquece, "In the Mood for Love" (aquí se estrenó con el absurdo título de "Deseando amar").

Dirección y guión: Wong Kar-Wai. Intérpretes: Tony Leung, Maggie Cheung, Rebecca Pan, Lai Chen. Fotografía: Christopher Doyle, Mark Li. Música: Michael Galasso. Montaje: William Chang.

Primero, una advertencia. Esta película es una obra maestra, desde luego, pero quizá no el tipo de obra maestra que algunos comentarios les hayan hecho creer. Aviso: el largometraje de Wong Kar Wai NO es un melodrama preñado de emoción, ni un perfecto mecanismo exprime lagrimales alrededor del amor frustrado, ni una de esas obras de aliento clásico y supremo romanticismo que recupera el sentimiento íntimo que bla, bla, bla... No, no y no. “In the Mood for Love” es ”algo” mucho más perverso, retorcido y ambiguo que las mejores pelis “de llorar” que conozcan (y piense aquí cada uno en “Breve encuentro”, “Tú y yo”, “Los puentes de Madison”... o en la referencia más adecuada disponible en su memoria cinéfaga); el film del hongkonés de las gafas de espejo es un ejercicio cinematográfico que por encima de su esquinado funcionamiento como “love story” resulta, en realidad, un alambicado tratado fílmico sobre el secreto, sobre las motivaciones no explícitas, cuya importancia se sitúa en las fronteras mismas del experimento lingüístico, del hallazgo expresivo. Considero oportuno el aviso al no dejar de oír y leer comentarios sedimentados tras su triunfal circuito festivalero y machaconamente focalizados en el supuesto sentimentalismo a flor de piel de este romance oblicuo y capicúa; lo cual, creo yo, puede acabar por reducir injustamente su valoración al mero reconocimiento en el manejo virtuoso por parte del autor de “Chungking Express” y “Happy Together”” de ciertos códigos genéricos.

Sublimación postmoderna de la ficción rosa más asequible, de la fotonovela incluso; “In the Mood for Love” vendría a ser, por así decirlo, una vivisección de tales géneros “menores” desde una posición malvada y extremadamente cerebral. Frente a la torrencialidad dramática de dichos modelos, tradicionalmente dirigidos al bajo vientre del espectador, Wong Kar Wai, manierista de la frugalidad, sitúa aquí el “Estilo” (así, con mayúsculas) en primera línea, como objetivo central, como fin último... de ahí que el impacto de su obra resulte ante todo sensorial.

Estudiando los métodos empleados por el cineasta en esta obra tan compleja en lo conceptual como sencilla estructuralmente, comprobamos que su objetivo nunca fue el de sembrar ese ansia de cumplimiento argumental y ruptura de las expectativas propio del cine “lagrimal”, sino provocar cierta suspensión del aliento a un nivel de percepción puramente artístico. Y es en este plano formal donde “In the Mood for Love” sí deviene experiencia limítrofe, gracias a un grado de estilización que alcanza a veces la pura abstracción escénica (resoluciones de escenas en verdad únicas, planos que atentan contra el sentido común narrativo, rebuscadísimos usos de la voz en off y, sobre todo, el fuera de campo, elipsis que son casi saltos mortales dentro del flujo del relato...). “In the Mood for Love” no es, por tanto, “otra” arrebatadora película sobre el amor sino una calculada y altamente obsesiva investigación audiovisual sobre los códigos escénicos que el cine ofrece para materializar precisamente dicho sentimiento (ese “mood”...) en pantalla, un ensayo de laboratorio movido por la reflexión y la autoconsciencia representativa que niega, una a una, toda fórmula capaz de convertir una obra así en pura “papilla-ficción”.

¿Seguro que estamos ante una película “de amor”? Al verla cuestiónenselo. Igual que David Hemmings en “Blow Up” halló la verdad imposible en la ampliación y fragmentación obsesiva de una esquirla de realidad evidente (aparente) pero falsa, les animo a descuartizar, deconstruir este hipnótico caleidoscopio en sucesivos visionados, rechazando comodidades apriorísticas, hasta desentrañar el desolador enigma agazapado entre sus aterciopeladas imágenes, sus diálogos entrecortados, y, desde luego, en la malvada ironía oculta en su satinada, absorbente banda sonora.

Son películas como ésta las que posibilitan que el lenguaje del cine progrese, que sus pautas de representación crezcan; son cineastas como Wong Kar-Wai los que siempre nos han permitido mejorar como espectadores.

LO MEJOR: El ambiguo juego de espejos deformantes creado entre las dos parejas de adúlteros a través de las acciones de sólo una de ellas.

LO PEOR: Que suela olvidarse la decisiva aportación de los más estrechos colaboradores de Wong Kar-Wai durante toda su carrera: el fotógrafo Christopher Doyle, y el multifacético William Chang, nada menos que productor ejecutivo, director artístico y montador.

PARA: Quien no quiera perderse un hito del cine reciente.

Miss Quirófano

Miss Quirófano

EFE. 2/8/2004

Se llevará a cabo en Pekín el célebre concurso de belleza "Miss Plastic Surgery" para mujeres que hayan recibido de la medicina lo que la naturaleza les negó.

Participarán mujeres implantadas, modificadas, estiradas y estilizadas quirúrgicamente de China, Corea del Sur, Japón y Malasia. La firma organizadora, la Beijing Tianjiu Weive Culture and Media Co., explicó que las concursantes deberán ser sometidas a un examen médico que testifique que sus encantos no son naturales.

También se aclaró que no se permitirá la participación de mujeres que hayan sido intervenidas después del 29 de mayo de este año (no sea cosa que se le salga algún punto de sutura en plena pasarela). De las concursantes inscriptas hasta el momento la más operada es una dama de la provincia china de Hebei, que ha sido retocada 13 veces.