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UN TOQUE DE AZUFRE Image Hosted by ImageShack.us

Puedo plometel y plometo...

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A lo mejor la juventud española iría este finde a depositar su voto en favor de la Constitución europea con más entusiasmo del que se prevee si, en lugar de la sosería de carteles con que Zapatitos y Mari Rajoy han empapelado nuestras urbes, se hubieran hecho fotos tal que así, con esa actitud tan de allí, buenrollera y positivamente "naif", con que estos dos politicastros nipones se han retratado de cara a sus inminentes elecciones.

Lo he pillado del "blog" de Micko, donde se pueden encontrar más divertidos ejemplos de cartelismo electoral japo, y algunos enlaces muy "humor amarillo".

Fiesta de los maniquíes (no los toques, por favor)

Fiesta de los maniquíes (no los toques, por favor)

Primero, soltaré un par de citas:

"La fantasía, y el no objeto, es el soporte del deseo". Lacan.

"Tomo conciencia de que debo hacer algo con el objeto para que empiece a existir, algo que no tenga relación con su función vital, siento que es necesario un ritual, que sea absurdo desde el punto de vista de la vida y que pueda atraer al objeto hacia la esfera del arte". Tadeusz Kantor, "El Teatro de la Muerte".

Perdón, pero las tenía por ahí seleccionadas y cuando uno pilla citas es para usarlas tarde o temprano, venga o no a cuento.


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http://www.goldsmith-inc.com/collections/mannequins_collection.asp

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http://www.modernmannequin.com/children.html

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El sonido de la ciudad

El sonido de la ciudad

"Sonic City" es un proyecto (o algo) desarrollado en Suecia y que consiste en una serie de cacharritos (cables, chips, esas gaitas... perdón la falta de palabrería técnica, es que soy "low tech") metidos en una suerte de... esto, entre gabán y camisa de fuerza, que permite al que lo lleva ir "componiendo" música en tiempo real mientras caminas por la ciudad. En teoría el sistema absorbe información sonora del entorno (es decir, los ruidos urbanos que rodean al portador de la prenda), procesándola y convirtiéndola al instante en una composición musical en constante cambio que se puede escuchar a través de unos auriculares. Parece que, además de los sonidos de la ciudad, para la elaboración de dicha música el ingenio también se nutre de los peculiares movimientos de cada usuario, sus ocasionales conversaciones e incluso sus características físicas. Es decir, la composición resultante puede considerarse algo así como la banda sonora de las evoluciones de una determinada persona en un lugar concreto y en un momento exacto. La cosa suena curiosa, claro... pero habrá que oir el resultado. Sospecho que para hacerme una idea bastaría con desenterrar mis viejos vinilos de Throbbing Whistle... (que, por cierto, ¿dónde andarán?).

Más detalles de "Sonic City" aquí.

El Arte de John Waters (Con Mayúsculas, ojo)

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Mirad a lo que se dedica John Waters cuando no hace pelis (o sea, casi todo el rato). Este JFK travestido es una de las obras que encontraréis aquí como ejemplos de su faceta artística. Qué joya de hombre... Lo orgullosos que deben de estar sus padres...

El amor está en el aire

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Fornicio elidido: ¡El colmo del onanismo sofisticado! Amigos pornófilos, si acudís aquí podréis poner a prueba vuestra imaginación lúbrica tratando de visualizar la "acción" corporal que ha sido eliminada de fotos como la de aquí arriba. Brillante idea, sí señor: ¿qué queda en las instantaneas pornográficas tras extraer el, digamos, ingrediente humano? ¿Podría deducir alguien, viendo esos interiores anodinos, ese mobiliario nefasto, la presencia de sexo explícito dentro de los márgenes de tan desangelados encuadres? ¿Se puede saber qué estáis pensado, guarretes?

Mitad y mitad

Mitad y mitad

El artista Bobby Neel Adams (yo tampoco entiendo como un artista puede llamarse "Bobby", pero él verá...) un día (allá por los 80) tuvo la ocurrencia de ver qué pasaba si mezclaba imágenes de una misma persona pero pertenecientes a diferentes etapas de su vida (infancia, edad adulta, vejez...).

El resultado incomoda, por supuesto, aunque no deja de sorprenderme un poco que un tío que da con semejante premisa conceptual renuncie luego a llevarla a su extremo lógico, fusiendo las fotografías de alguien recién nacido y en su lecho de muerte. Para que veáis que lo que distingue a un ocurrente de galería de un verdadero tocapelotas.

No obstante, el trabajo de Adams mola. En su página web podéis ver, además de otras series de fotografías, abundantes muestras de tan chirrriante iniciativa titulada "Age Maps".

Según el texto de presentación de su obra, Adams "se centra en la transformación del cuerpo como consecuencia del tiempo y las circunstancias, y su técnica ha sido bautizada como "fotocirugía".

He aquí un par de ejemplitos más:

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Dan cosica, ¿eh?

Pues en idéntica línea de malrrollismo se encuentra esta otra serie titulada "Couples", que, partiendo de la misma idea, lo que hace es fundir en una imagen las anatomías de dos amantes, éllos y ellas.

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La curva de la felicidad

La curva de la felicidad

¡Atención Obelix del mundo que lucís sin preocupación e incluso con orgullo vuestras panzas! Ya tenéis un ideólogo al que remitiros cuando alguien se os ponga demasiado pesadito recomendándoos dietas y ejercicios.

The Belly Page es el rincocito webero que se ha inventado el poseedor de la mole de grasa que podéis ver aquí para (no nos engañemos) justificar tanto su lujuriosa atracción por las embarazadas como sus infinitas gula y vaguería. El ventrudo en cuestión dice vivir feliz con ese perfil de Hitchcock y defiende como buenamente puede la validez estética de dicha "opción" física, alimentaria y vital. Lo que no dice, claro, es qué opina su espalda del machaque que supone acarrear semejante carga.

Espejito, espejito...

Espejito, espejito...

INVENTAN UN ESPEJO QUE REFLEJA CÓMO SEREMOS EN CINCO AÑOS

10/02/2005. Redacción de Baquia

Este espejo digital, desarrollado por un grupo de científicos franceses del Laboratorio Tecnológico de Accenture, consiste en una pantalla plana de televisión conectada a varias cámaras y a un PC, y dotada de un software que va registrando nuestras actividades y hábitos cotidianos.

Partiendo de esta información, el programa genera una imagen virtual que aparece en la pantalla; entonces ya podemos ver si nuestras tripas engordarán en demasía o si esas patas de gallo que ahora repuntan tímidamente se convertirán en dos bellos adornos de nuestras caras.

Los científicos que han creado el espejo quieren concienciar a la población de las nefastas consecuencias que tendrán los excesos de todo tipo en su futuro inmediato. Esa red de cámaras distribuida por toda la casa permitirá detectar, por ejemplo, si nos hemos pasado la mayor parte del día tumbados a la bartola o si hicimos algo de carrera continua; si bajamos al estanco y abrimos aquel paquete de cervezas, o si por el contrario bebimos un par de zumos. En definitiva, un ordenador que es un espía de toda nuestra conducta. Cuando la máquina tiene listo el perfil del individuo, otro de los programas instalados extrapola los comportamientos con el fin de conocer cómo perjudicarán su imagen en un plazo de cinco años. Si se pasa con la comida, podrá saber cuántos kilos engordará, o cuántas arrugas surcarán su piel si no deja el cigarrillo.

Y la culpa era de...

Mi ausencia durante estos últimos días tiene dos culpables, aunque lo que no está claro aún es el grado exacto de responsabilidad de cada uno de ellos. Son, 1) Telefónica; y 2) Terra.

Los yentelmen se zurran a bastonazos

Los yentelmen se zurran a bastonazos

Cuando era pequeño tenía un amigo al que le llamábamos "el Cabezo". El motivo no era otro que su tendencia a finiquitar las discusiones más bizantinas mediante el expeditivo método del cabezazo fulminante. Nunca sufrí las iras del "Cabezo", pero sí que presencié en varias ocasiones alguno de aquellos arrebatos suyos, y os puedo asegurar que tan sólo los puños del Tyson de sus mejores días podrían rivalizar con el arma mortal que aquel mameluco tenía sobre los hombros. El "Cabezo" dejó de tener gracia cuando empezó a abusar del pegamento esnifado y su hermana se hizo fulana, por lo que tuvo que aguantar las inocentes bromillas de manadas y manadas de críos del barrio. Menudo espectáculo verle embestir cual Vitorino contra todo el que le gritaba agazapado tras un coche: "¡Puri la chupa por veinte duros! ¡Puri la chupa por veinte duros!". Y es que por mucho que se esforzase, el "Cabezo" tampoco podía desintegrar a todos los clientes de su hermana, usando su bola de demolición con pelo. Hablando de pelo, cuando se incrustó (literalmente) contra el muro de un edificio semiderruido en un descampado de Méndez Álvaro, mientras hacía caballitos con una vespino robada, tuvieron que extraer su cabeza de la piedra a fuerza de arrancar pedazos enteros de cuero cabelludo que se habían quedado allí adheridos, como si la sangre seca hiciera las veces de "Superglue 3".

A partir de entonces el pobre "Cabezo" ya nunca volvería a ser ni la sombra de lo que fue... Medio cegarruto, con el rostro con más costurones que Nikki Lauda y una pierna seriamente perjudicada, caminaba con el barrio apoyado en un bastón, soportando las mofas de quienes durante años tanto miedo le tuvimos. Eso sí, un día, para sorpresa de todos, mientras nos cachondeábamos a gusto de él, comparándole con John Merrick (alguien había visto "El hombre elefante" y se había quedado con las frasecillas más pegadizas), el "ex Cabezo" nos plantó cara, mirándonos de soslayo con su ojo medio-bueno. "¿Qué pasa, mohtruo? Menos miraditas, eh... A ver si te voy a tener que hacer una cicatriz nueva en la jeta...", dijo el chulo del Cifuentes, cuyo advenimiento como nuevo matón alfa del barrio comenzaba ya a ser un hecho consumado. Y, mira tú, que va el "hombre sin rostro", levanta el bastón, y comienza a hacer con él movimientos raros en el aire, fiu-fiu-fiu, a tal velocidad que, oye, parecía que tuviese en las manos un látigo rígido, el muy cabrón. Cualquiera se le acercaba... Ese día, el "Cabezo" volvió a ser grande. Se acabaron las mofas a su costa. Podía ver menos que Rompetechos, sí, pero aquel superviviente de la calle seguía siendo un tipo chungo y peligroso, un Daredevil de quien convenía mantenerse más allá del alcance de su resentido y silbante bastón. Siempre me pregunté cómo aprendió el "Cabezo" aquellos virtuosos movimientos de defensa personal con palitroque. ¿Los copiaría de alguna de aquellas revistas con Bruce Lee (o Li) en portada que tanto se estilaban por entonces? Chi lo sa...

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A veces me acuerdo del "Cabezo" e imagino qué será hoy de él. Desde luego, hay bastantes posibilidades de que se encuentre criando malvas (nunca dejó el pegamento), pero a su memoria quisiera dedicarle este enlace tan bizarro que tenía por ahí guardado, y cuyos bonitos dibujos tantos recuerdos me traen. Con todos vosotros Self-defence with a Walking-stick: The Different Methods of Defending Oneself with a Walking-Stick or Umbrella when Attacked under Unequal Conditions , un completo cursillo ilustrado para aprender a defenderte de los abusones. Si al "Cabezo" le funcionó...

Vino, Vidi, Vincis

Vino, Vidi, Vincis

Esta es la versión íntegra de la crítica de "Entre copas" que aparece este mes en "Fotogramas". La entregué algo más larga de lo que ha salido publicada. Cosas de la compaginación...

ENTRE COPAS

por Antonio Trashorras

Dirección: Alexander Payne. Intérpretes: Paul Giamatti, Thomas Hayden Church, Virginia Madsen, Sandra Oh. Guión: Alexander Payne y Jim Taylor, basado en la novela de Rex Pickett. Fotografía: Phedon Papamichael. Música: Rolfe Kent. Título original: Sideways. Nacionalidad: USA, 2004. Duración: Género: Comedia dramática.

Mientras el cadáver de la cinefilia europea se pudre en una esquina sin que le importe un bledo a casi nadie, y los viejos filmotequeros malviven atrincherados en la nostalgia, de Estados Unidos llegan algunas de las voces más interesantes del celuloide actual. No es, claro, de Hollywood de donde proceden esas “nuevas miradas”, sino más bien del mundillo (llamémosle así) “sabiondillo” o “gafapasta”. Dentro de ese grupo donde también resoplan cineastas como David O. Russell o los dos Anderson (Wes y Paul Thomas), parece seguro que Alexander Payne será quien antes alcance categoría de clásico. Y es que a diferencia del otro (para mí) talentazo de esta camada, Wes Anderson, genialoide kamikaze de la estilización con mensaje y el humor anticlimático, Payne trabaja desde una cercanía emocional hacia sus personajes y una textura tonal cercana al “mainstream” más digerible (y descodificable) por el público mayoritario.

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Humanista desencantado, aunque de menguante ferocidad, con esta su última miniatura agridulce Payne confirma su tendencia a la fábula con guinda catártica que, pese a su aparente heterodoxia, no deja de buscar la complicidad del respetable. Suerte de volcado en pantalla de los mundos literarios de John Cheever o Richard Yates, tamizados por Cassavettes (algo de Husbands se aprecia en este filme), pero primando una voluntad expositiva más ortodoxa y amable, casi digna de Preston Sturges o incluso Capra, Sideways presenta algún que otro momento donde, por vez primera en la filmografía de su autor, se roza (con perdón) lo sentimental. No obstante, es ahí donde el largometraje se erige a la postre en un instrumento perfecto tanto para la emoción como para la reflexión, posibilitando esa empatía popular que, a diferencia de los chistes vegetales y postmodernos del director de Los Tenenbaums, terminará por asfaltar el camino de Payne hacia el reconocimiento masivo.

LO MEJOR: Una de las escenas entre Paul Giamatti y Virginia Madsen, toda una cima de la emotividad.

LO PEOR: Algún que otro lugar común de la crisis de mediana edad.

Y ahora... algo completamente diferente

La Societas Raffaello Sanzio (SRS) es en la actualidad una referencia en materia de creatividad cultural. El grupo nace en 1981, en Cesena, ciudad italiana situada entre Bolonia y Rímini, bajo el impulso de Romeo y Claudia Castellucci y Chiara y Paolo Guidi. En un primer momento colaboran con Carmelo Bene y hacen una relectura muy personal de Stanislavski para lanzarse a continuación a la puesta en marcha de una alternativa de 'teatro neoplatónico e iconoclasta', es decir, una crítica radical de la representación que se concreta en el montaje de espectáculos que 'no quieren reproducir el mundo sino proponer otro'.
En el festival de Aviñón de 2002 han presentado la segunda entrega de un nuevo ciclo, el de la Tragedia Endogonidia, una ambiciosa propuesta de proyección hacia el futuro de la tragedia, de la idea que la SRS se hace de la tragedia. De ello hablamos con Romeo Castellucci y Chiara Guidi.
PREGUNTA. A.#02 se abre con la imagen de un chivo caminando sobre un alfabeto. El azar le lleva a componer un texto que luego es cantado por dos actores.
RESPUESTA. La palabra 'tragos', de la que deriva 'tragedia', significa 'canto del chivo'. Hay diversas explicaciones sobre ello, como el relacionar la representación con el sacrificio de un animal. Nosotros hemos querido que el chivo recuperara algo que era suyo: el nombre. Los actores recitamos un poema escrito por el chivo, por un cuerpo no humano. Hoy las palabras no sirven para razonar, nos han sido alienadas y el texto objetivo del chivo, escrito al margen de cualquier sentimiento, redactado a partir de un alfabeto que es el de los símbolos de veinte aminoácidos, proporciona esa voz nocturna, que viene de antes de que nuestra especie existiera.
P. Esa consideración del origen etimológico de la palabra tragedia no comporta sin embargo un uso del coro, elemento consustancial de la forma de la tragedia antigua.
R. En la tragedia ática, el coro tenía la función de explicar los hechos, de comentarlos y juzgarlos. Sobre él descansaba la función moral y educativa de la representación. Nosotros sólo mostramos los hechos, lo que Aristóteles llama 'episodios'. Se trata de crear un nuevo misterio, de poner al espectador ante una serie de visiones y sensaciones. Nuestros 'episodios' son actos puros y suficientes, que no se articulan entorno a nada ni articulan nada, que existen sin raíces. También hemos renunciado al otro gran pilar de la tragedia ática: el mito, es decir, a una trama conocida portodos. Hoy el lenguaje mítico no funciona porque ha desaparecido la concepción trágica de la existencia, con un hombre que es, a la vez, culpable e inocente, un discurso que reconcilia lo humano y lo divino, vida y arte.
P. El teatro se asume hoy como abiertamente minoritario. Ya no participa de mitos soñados por el 'cuerpo social' como era el que durante el tiempo de la representación se aboliesen las fronteras sociales o la idea misma de un elitismo de masas.
R. Hoy la realidad de las ciudades es cosmopolita y no metropolitana, son ciudades en las que los habitantes son individuos que no forman parte de un pueblo, de una tierra común, de un lenguaje. Nosotros nos referimos de nuevo a la tragedia sin que eso signifique que queramos volver al pasado, retomar el hilo de Esquilo. Ese hilo está roto. Cuando es de noche, lo primero es reconocerlo, admitir la oscuridad.
P. ¿Por qué el adjetivo 'endogonidia' acompañando 'tragedia'?
R. Es un término que tomamos prestado del vocabulario de la microbiología y que se refiere a seres vivos simples, caracterizados por la presencia simultánea de dos gónadas que hace posible su reproducción sin fin, un proyecto inmortal, en el que cada ser existe sin necesidad del otro. De alguna manera el adjetivo contradice el sustantivo puesto que la tragedia ática comportaba un destino, un final para el héroe, no se concebía sin la presencia de la muerte. A.#02 sucede a C.#01 , que presentamos en enero, pero no es su continuación, sino su transformación. Hemos puesto en marcha una cadena de creación de imágenes, y de cada 'base', de cada ciudad, se desprenden unas 'esporas' que fertilizan la 'base' siguiente. El experimento ha de prolongarse hasta finales de 2004 y se producirá en Berlín, Bruselas, Bergen, Marsella, Roma, París y Estrasburgo hasta volver a Cesena.
P. ¿Y qué ha cambiado entre la primera y la segunda 'base'?
R. La primera parte, toda la referida al niño que sufre transformaciones, que nos remite a los enigmas que proponía la esfinge, ha cobrado mayor importancia. El espectador ha sido integrado al espectáculo. Por eso el lugar no es un teatro, sino un espacio de arquitectura en el que el público se integra. En Cesena tampoco existía ese momento en que el payaso rompe el cristal y entra en la sala por una ventana. Es la irrupción brutal de la ciudad, la ruptura de la ceremonia, del sentimiento de participar en una reunión comunitaria. Esperamos que cada espectáculo sea distinto porque integrará la reflexión del espectáculo anterior, pero también porque se impregnará de la energía de cada ciudad. Por ejemplo, Cuando vayamos a Marsella queremos discutir con los especialistas que trabajan allí sobre cuestiones de funcionamiento del cerebro.
P. La historia del payaso, ¿no es una venganza del humor, que tras ser expulsado por la puerta reaparece por la ventana? ¿Cómo hay que interpretar que las únicas palabras pronunciadas sean las escritas por un chivo y que las que aparecen escritas lo sean sobre un panel electrónico de aeropuerto?
R. La lectura humorística es sólo una posibilidad. En el espectáculo las palabras no sirven para comunicar, son lanzadas a través de máquinas o, al final, sirviéndonos de una pantalla en la que desfila de manera agresiva una sucesión de letras. Ese desfilar comienza con la imagen de una 'X'. No ha sido la palabra la que ha dado coherencia a la representación, sino el ritmo. Los sonidos que oímos son palabras, voces humanas distorsionadas, irreconocibles. De nuestro lenguaje ha desaparecido la palabra como sutura de razonamientos. En espectáculos anteriores, como Julio César, llevamos al extremo otra posibilidad de la tragedia, la de que fuese la apoteosis de la retórica, el que acabase dinamitada por la elefantiasis del verbo en abierta contradicción con los cuerpos heridos y mutilados de los actores.
P. El masoquismo impregna todos sus espectáculos.
R. Es un masoquismo entendido en su sentido profundo, filosófico, no meramente sexual. El cuerpo del actor es forzado para que salga a escena, para que se ofrezca a la mirada del espectador.
P. Pero también es posible ver esto desde otra perspectiva, desde una óptica de poder -tiene la palabra, el control del interés de los demás- o de placer -la satisfacción de la vanidad exhibicionista-.
R. El actor se ofrece a la lapidación de las miradas. Cuando sale a escena, es culpable. Estar ahí, en el escenario, significa recibir un castigo, ser sorprendido haciendo lo que no debieras, pasar vergüenza. La relación entre el actor y el espectador es el origen del arte en sí. El arte se otorga la posibilidad de crear otro mundo, pero lo hace a partir de elementos de éste. Se trata de trabajar sobre la base de las leyes de la realidad para superarlas. Y el actor es el cuerpo en el que se materializa ese proceso. Wittgenstein decía que 'lo que se refleja en el lenguaje no puedo expresarlo a través del lenguaje'. El actor resuelve esa paradoja. Hace que esa imposibilidad deje de existir.
P. Los espectáculos de la SRS se asemejan cada vez más a experiencias próximas a las que propone el arte contemporáneo.
R. Sí, pero la tragedia implica una estética que es exclusiva del teatro. Es el único espectáculo que no puede verse de lejos o en diferido, sino que necesita la presencia, el aquí y ahora. Y eso es lo propio del teatro también. Y de la vida, claro. El teatro es el arte que más se parece a la vida. Por eso es peligroso. El epicentro del teatro se sitúa en el núcleo de la mirada trágica. De manera misteriosa, la tragedia nos permite la confusión de papeles, permite llevar al espectador al corazón del drama. Hay que preguntarse si hoy existe aún la posibilidad comunitaria de crear una mirada colectiva. Creemos que ése es el desafío que tiene planteado el teatro contemporáneo. Y hay que saber si mirar o, mejor dicho, si 'ver' tiene aún algún sentido.
P. Desde hace más de dos siglos, el arte ha seguido un camino cada vez más alejado de la ciencia. Son dos vías de conocimiento que antes se entremezclaban pero que ahora divergen. La SRS utiliza a menudo términos científicos.
R. La ciencia nos aporta sugerencias, nos propone conocimientos que abren la puerta a visiones desconocidas de la humanidad, del futuro. No se trata de que proponga cosas ciertas sino complejas. Y la riqueza de la mirada tiene que ver con la ciencia, es una solución enigmática. El cerebro es un órgano dispuesto a recibir, procesar y almacenar las informaciones que el entorno no cesa de enviarle. Y en cada uno de nosotros hay un sistema nervioso simpático que se apoya en gran parte en la columna, en la médula espinal, y que regula, antes de que se produzca una toma de conciencia racional, nuestra capacidad de reacción ante estímulos exteriores. Esas reacciones son formas de saber del cuerpo, y ellas reciben el espectáculo a su manera. Partimos de esa evidencia, de que el cuerpo y el cerebro ven de manera distintas, pero es de esas dos percepciones de donde nace una posibilidad de percepción total que la puesta en escena ha de tomar en consideración.
P. Tener en cuenta el sistema nervioso simpático no impide que sus montajes estén repletos de referencias culturales eruditas.
R. Trabajamos sobre la memoria de las cosas, sobre la memoria de las imágenes. Todo el mundo ha visto el cuadro La lección de anatomía, todo el mundo tiene almacenadas imágenes de Auschwitz, es imposible no tener en cuenta eso. Es imposible separar el conocimiento adquirido a través de la sensibilidad del que proviene del razonamiento. La belleza sólo surge del encuentro entre lo humano y lo inhumano.
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La pieza, como recalca su título, es el sexto 'Episodio' de un impactante ciclo de once capítulos, inspirados en diez ciudades europeas (cuatro francesas) y que empezó y terminará en Cesena, donde tiene su sede la compañía italiana.
Los protagonistas de la provocadora Societas Raffaello Sanzio, con cuerpos a veces deformes, obesos, visiblemente enfermos, anoréxicos, llaman de entrada la atención de manera considerable.
Y eso es sin duda uno de los objetivos de este colectivo "sin equivalente en nuestros escenarios", como subrayan el Teatro del Odeón y el Festival de Otoño, instituciones que por tercera vez muestran juntas en la capital francesa su trabajo.
Su público sabe apreciar los deseos del grupo italiano de ir más allá de la tragedia clásica y ofrecer, no un espectáculo, sino una experiencia, a menudo traumatizante pero también cargada de belleza.
En otras plazas, el "shock" que promete todo espectáculo de la Societas puede resultar excesivo, como en Bruselas, el pasado mayo, donde la presencia de un bebe llorando, ante un centenar de espectadores, bajo una intensa iluminación, durante el larguísimo minuto inicial del cuarto capítulo de la serie, terminó en querella.
La demostración de que los padres de los cinco bebes-intérpretes que se turnaron en el papel habían dado su consentimiento cerró el juicio celebrado con carácter urgente.
No era ni mucho menos la única imagen fuerte de la obra, en la que durante diez minutos un hombre desnudo es golpeado a muerte (teatralmente, esta vez), sobre un charco de sangre.
De la etapa parisiense, que podrá contemplarse hasta el próximo 31 de octubre, se sabe que se manifestará "con toda la violencia de una aceleración, en una fuerza propulsiva que lleva a la colisión, con el eco de un acto definitivo que no engendra sólo pensamientos".
Será la manera Societas de entrar a fondo "en el mundo de figuras y fantasmas" vistos ya en 'Episodios' anteriores de su "Tragedia Endogonidia" y de "asistir a una discontinuidad y a una ruptura respecto a la regularidad, aunque mínima, de los personajes que la poblaron" y en torno a los cuales comenzaron "a fijar pensamientos".
La Societas, fundada en 1981 por los hermanos Romeo y Claudia Castelluci y Chiara y Paolo Guidi, estrenó en 2002 "A.02 Aviñón", segundo "Episodio" de su corrosiva creación, en el Festival de Aviñón, tras su "C.01 Cesena", en enero de 2002.
Siguieron "B.03 Berlín", en enero de 2003, en el Hebbel Theater; "BR.04 Bruxelles/ Brussel", en el Kunsten Festival des Arts, el pasado mayo; "BN.05 Bergen", también en mayo de 2003, en el Festival Internacional de Noruega, y ahora "P.06 París".
Después vendrán "R.07 Roma", este noviembre, en el Festival Romaeuropa; "S.08 Strasbourg", en el teatro Le Maillon, en febrero de 2004; "L.09 London", en el International Festival of Theatre, en mayo de 2004; "M.10 Marsella", en el teatro de Les Bernardines, en septiembre y, por último, en octubre de ese mismo año "C.11 Cesena".
El 'Episodio' parisiense se enriquecerá, entre el 19 y el 26 de octubre, con una proyección sobre los cinco capítulos ya estrenados.
Tendrá lugar en los Ateliers Berthier, donde el Odeón trasladó temporalmente sus actividades mientras rehabilita su sede, lugar ideal para acoger la contundente creación de la Societas.
De momento cada "Episodio" se estrena y puede verse sólo en las ciudades de las que toma su nombre, pero un libro, "Epitaph", con textos y fotos en color tomadas por Romeo Castellucci, autor del ciclo, presenta su trabajo y su personal universo artístico

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En un montaje de Castellucci, el espectador siempre encontrará motivos para el sobresalto: un querubín rubio bañado en leche (“A#02”), un Bruto y un Casio pisándose las frases o un Julio César amorrado a una bombona de helio (“Giulio Cesare”),
un Adán anoréxico o una Eva anciana (“Genesi”), cuerpos
esqueléticos, deformes, obesos o enfermos que nos
acercan a la muerte. Desde el año 2001, los motivos para
el desasosiego no han dejado de crecer, ya que la compañía se halla inmersa en el posiblemente más sonado proyecto escénico del teatro europeo: una gira de diez años con 11 piezas que forman la “Tragedia endogonidia”, mezcla de ciencia, arte contemporáneo y transgresión de todos los códigos teatrales conocidos. Estrenada ya la “C#01” (por Cesena 2001) y la “A#02” (por Aviñón 2002), estos días se ultima la “B#03”
(Berlín 2003) en la nave industrial “okupada” donde,
desde 1981, Castellucci da vida a los monstruos de la
Societas. La gira les llevará a Bruselas, Bergen, París,
Roma, Londres, Estrasburgo y Marsella, para terminar, de
nuevo en Cesena, en el 2010. La “Tragedia endogonidia”
es un espectáculo sorprendente. De entrada, porque la ausencia del texto supone una apoteosis visual que la convierte en una sucesión de performances como puñetazos. La inmensa fuerza comunicativa de la obra reside en su plasticidad y en la deconstrucción razonada del discurso: en la primera escena, un chivo avanza aleatoriamente sobre una alfombra de letras que describen secuencias de aminoácidos con las que, al azar, construye un texto que posteriormente cantan dos actores. “Tragedia, en griego, significa canto del chivo –explica el director–. Hemos escenificado una venganza del animal, que se reapropia del nombre de la tragedia en su lucha contra el poeta.” Más sorprende aún la segunda parte del título: “Endogonidia, en microbiología, se refiere a seres unicelulares que se dividen continuamente. Es decir, que son virtualmente inmortales”. Si la tragedia acostumbra a concluir con la muerte del héroe, hablar de tragedia “endogonidia” produce un oxímoron: cada nuevo espectáculo fertiliza
“endogonídicamente” al siguiente en una cadena sin fin de creación y desarrollo de imágenes demole-doras, como la de unos leotardos colgados con pinzas que, al ser
estirados, revientan en sangre. O como la del payaso que, expulsado de la sala, vuelve a entrar por la ventana mientras juguetea con un hígado. Como es de suponer, esta tragedia carece de héroe. Tampoco tiene coro. Para colmo, Castellucci renuncia a
su pilar fundamental: el mito. “No hemos querido utilizar una trama por todos conocida: nuestra potencialidad se centra en el concepto extremadamente contemporáneo del anonimato. Es una tragedia que pertenece a cualquiera, no a un héroe, y ahí reside su
universalidad: atraviesa no sólo a todos los hombres, sino también a todas las cosas.” La tragedia se convierte, hoy, en una experiencia que nos impregna de forma invisible, cotidiana. En nuestra cultura ha
desaparecido la concepción trágica de la existencia y, con ello, el lenguaje mitológico. Esquilo ha muerto, aunque la Societas no dudó en fagocitarlo en “Orestea,
una commedia organica?” (1995). Castellucci no sólo rompe el ya débil hilo que unía la tragedia ática con la sociedad contemporánea, sino que pone en duda cualquier forma de lenguaje. En la “Tragedia endogonidia”, las palabras no comunican: son escupidas por un panel electrónico de aeropuerto. Se distorsionan, pierden el
sentido hasta convertirse en un elemento visual más.
Justo lo contrario de lo que ocurría en “Giulio Cesare” (1997), donde la verborrea incontrolada de los actores acababa dinamitando la retórica sobre la que se
fundamenta el clásico de Shakespeare. “En ‘Tragedia endogonidia’ no son los actores quienes escogen las palabras, como sucedía en ‘Giulio Cesare’, sino que son las palabras las que escogen a los actores.”
También la catarsis, consecuencia necesaria de la tragedia ática, desaparece en una obra donde no hay ninguna posibilidad de liberación. Ya Walter Benjamin
advirtió de que la comedia, cuarta parte de las tetralogías griegas, era una forma de escapar de la tragedia. “La catarsis es una invención de Aristóteles, un concepto equiparable a la risa neurótica –aclara
Castellucci–; creo que en el teatro no existe posibilidad de catarsis.”
Y es que nos hallamos ante una dramaturgia que no busca analgésicos; no quiere reproducir el mundo, sino proponer otro distinto. No quiere producir iconos, sino
que cultiva un teatro iconoclasta y neoplatónico. Por ello, se hace necesaria la implicación del público en el espectáculo. En “Tragedia endogonidia” esta integración
se lleva a cabo echando abajo la cuarta pared: el lugar de representación no es un teatro al uso, sino un espacio polivalente. Otras veces, el espectador se integra solo: “Nunca falta quien se levanta a media
representación para gritar: ‘¡Esto es una mierda!’” Alfred Jarry estaría orgulloso.
En el teatro de la Societas hay una fuerte ligazón con la infancia: “Creo que nuestra corriente de investigación sobre teatro para niños es la que más miedo causa”. Es una línea destinada no a la infancia, sino a adultos que deben plegarse al texto nfantil.
Obras como “Buchettino” o “Genesi” descansan casi exclusivamente sobre actores nfantiles. De 1995 a 1997, la SRS puso en marcha una muy criticada escuela de teatro infantil a la que se acusaba de corromper a los niños enseñándoles crueldades.
“Obviamente, no era una escuela para niños –aclara Castellucci–, sino con los niños. Nuestra intención no era enseñarles, sino raptarlos para robarles su radicalidad. La imaginación infantil es rotunda: lo absorbe todo, lo quiere todo.” El segundo acto de “Genesi”, titulado “Auschwitz”, mezcla el holocausto con “Alicia en el País de las Maravillas”: “Todas nuestras certezas acerca de la realidad son efímeras, pues provienen del lenguaje. Si tienes la fuerza de un niño que es capaz de rascar la plata del espejo, las palabras se debilitan y regresamos a un animismo infantil”.
En los setenta, el gran dramaturgo y director teatral Carmelo Bene, maestro de Castellucci, se instaló en Cesena: “Recuerdo aún el día en que fui a visitarle. Yo era un crío. Le tenía miedo. Era un ogro, siempre enfadado”. Pero en él halló a su Lewis Carroll y, de su mano, Castellucci cruzó por vez primera el umbral de un teatro para instalarse, definitivamente, al otro lado del espejo.

Amorrarse al pilón (que decían antes.)

Amorrarse al pilón (que decían antes.)

http://www.cockolada.de/

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Máscaras de cerillas

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http://www.davidmach.com/sculpture/sculmatchframes.htm

I made my first matchhead in 1982. Kinskihead was a response to a reviewer comparing one of my magazine installations to a weekend modeller making a ship or the Eiffel Tower out of matches. The reviewer talked about matches as if their rightful place was at the bottom of the materials league. I was puzzled by this and immediately attracted to this underdog. Of course the reviewer was referring to modellers who don't use matches but just matchsticks, small pieces of wood. Live matches offer an entirely different proposition. The first head, Kinskihead, was set alight by mistake. It was originally made out of blue and red matches but once burnt they became different shades of grey ash. What interests me is the violence and power involved in that change and the fact that this performance comes from such a cheap, throwaway, almost non-material.

Since that first head I have made dozens of matchheads. I am very interested in colouring and markings as well as structure. But in fact it is easy for me to jump from an animal like a giraffe in order to explore the colour and make-up of those markings to a larger than life-size human head and back to a tiny African mask and back again to a gigantic head of a tyrannosaurus rex. All of the heads, large or small, involve a ridiculously detailed building process - something they have in common with the magazine installations, coathanger pieces and my other work.

There doesn't seem to be any limit to the subject matter and of course they all have that lethal incendiary device capability. In fact you can describe three clear lives to these sculptures: the original head with colour; the performance of burning it; and the burned head, instantly aged black and white version of the original. Not bad for a nothing material.

I am working on a new series of predators; watch out for a tyrannosaurus rex. Look for the poster of the burning skull…

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Mear y no echar gota

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Café con leche

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Liver pills turn black man white

A black man who was given tablets for liver disease has won £15,000 after they turned him white.

The skin of Tekeste Kahsay, 59, has turned white, except for a patch of skin across his face.

Mr Kahsay, originally from Eritrea but now living in Sweden, says he feels like a black man trapped in a white man's body.

Mr Kahsay was badly injured as he worked at a sawmill in Lidkoping. Blood tests revealed the first stages of liver disease which could have proved fatal.

He was prescribed a drug which saved his liver but had astonishing side effects. His skin became increasingly light until he was white except for a dark "mask" on his face and ears. He has been shunned and attacked because of his strange appearance.

He said: ''This is terrible. I disappeared. I was a black man inside and a white man outside. My self-confidence is gone."

Mr Kahsay won £15,000 from a medical tribunal, The Mirror reports.

The doctor who treated him is reported to be off work with severe psychological problems. In Mr Kahsay's homeland, he is shunned as a leper, as white pigment is considered a sign of the disease.

He added: ''I am a black man and will always be a black man but I don't know who I am. But I have learned a lot about intolerance towards people of another colour.''

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Dejad que los niños se acerquen a ÉL (¿o mejor no?)

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Lo bueno que tiene el catolicismo respecto al Islam es que la Iglesia no sólo permite sino que estimula la creación de imágenes sagradas basadas en el mismísimo vástago de Dios, que, como sabéis, también es, en realidad, padre y espíritu santo, todo en el mismo "pack" de oferta; uno y trino que dicen. Gracias a ello, "Yisuscrais" ha terminado erigido en icono "pop" de similar difusión a... no sé, los Beatles o Hulk Hogan, mientras que con Alá, por aquello de su timidez terminal a la hora de que lo representen, siempre tendremos la duda de qué pinta tiene (genial lo de vender cajas vacías dentro de la colección de muñecos articulados religiosos).

Bueno, al grano: Catholic Shopper (risa garantizada) ha lanzado una tronchante serie de figuritas titulada "Jesus Inspirational Sport Statues". La cosa va de representar al barbudo de las sandalias participando en el gozo de diversas actividades deportivas junto a varios críos. Dicen que mostrando a Cristo como un compañero más de juego de tan sonrientes infantes se anima a los muchachos a practicar deportes de forma limpia, alegre y sana. Bien...

Ahora vamos con lo que no puedo dejar de advertir (¡mal pensado, neuronas sucias!) cuando observo alguna de dichas figuritas. Primero, la del beisbol:

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Sinceramente, ¿no os parece que Jesús se está arrimando demasiado por detrás al crío para enseñarle a batear? Supongo que todos estaréis familiarizados con la expresión "frotar cebolleta", ¿verdad? En fin, no digo más... sólo apunto lo que a mí, subjetivamente, y dado que tengo el craneo como un estercolero, me viene a la mente cuando veo esa imagen.

Más... Observad la siguiente foto:

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No soy el único que lo está pensando, ¿verdad? Decidme, por favor, que hay más indeseables como yo que, viendo esta imagen, lo último que les viene a la cabeza es el noble deporte de la gimnasia.

Y, ya puestos a pensar mal...

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¿Qué pinta el ballet en una serie de figuras dedicadas a lo deportivo? ¿Por qué parece disfrutar tanto el "hippy" de la túnica blanca de la compañía de impúberes con los muslitos al aire?

A continuación, otra idílica estampa deportiva, esta genuinamente norteamericana:

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En fin, que no me hagáis mucho caso, que seguramente sea yo el que veo roces impúdicos y ecos de "Capturing the Friedmans", dónde no hay más que inocente amor a los pequeñuelos y pasión por el deporte.

Y me despido con este último ejemplo de lo que mi amigo Carlos, durante los días de su dura adolescencia algecireña, siempre llamó "poner un rabo". Celestial, en este caso.

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Una mano en la cintura, un movimiento sexy... un movimiento sexy, y ahora empiezo a menear, a menear...

Humillando con estilo

Humillando con estilo

The Humiliator es uno de los últimos productos lanzados por la compañía Scott Paul ("where adults desires meets artistic design"; ¡gran frase promocional!). Creo que la imagen es lo suficientemente obvia como para andar describiendo su uso, ¿no? Eso sí, añadir que, además de escobillas de WC, en el catálogo existen otros divertidos enseres de limpieza para ensamblar como complementos al Humiliator, y así dejar la casa como los chorros del oro al tiempo que te sientes dominado/a. Por ejemplo, plumeros para el polvo, pulidores de madera, cepillos diversos, etc.

Si os atraen estas cosas, ya sea como practicantes o como curiosos, os recomiendo que dediquéis unos minutos a la exploración de la página web de Scott Paul, toda ella resuelta cromaticamente a base de elegantes negros, ocres y escarlatas, donde hallaréis mogollón de sugerencias para un posible ocio alternativo. Por ejemplo, "esto"...

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... que yo tampoco sé para qué sirve exactamente, pero que sólo con tratar de imaginarlo se acaba aprendiendo mucho de uno mismo.

O este precioso "andador"...

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... con el que practicar una variante perversa del clásico "pinguino".

Eso sí, de hacer un pedido ahora mismo, dudaría cuál de estos dos artículos encargar primero:

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La jaula mola, ¿eh?

Eso sí, conviene pillarse también una malla roja como la de las fotos, o, me temo, el efecto de tan sofisticados aparatos siendo usados en ropa interior de la normalucha debe resultar más bien bajonero.

Porque me lo merezco

Porque me lo merezco

De Observer vía Clarín. 27/01/05

ALARMANTE EPIDEMIA DE AUTOFLAGELACIÓN ENTRE LOS JÓVENES BRITÁNICOS

Por Jamie Doward

Los maestros, trabajadores sociales y consejeros de Gran Bretaña se sienten incapaces de hacer frente al creciente problema de los jóvenes que deliberadamente se hacen daño a sí mismos, según un nuevo informe. La Fundación Camelot, una organización de beneficencia británica, reveló los últimos datos de una encuesta continua que realiza a nivel nacional sobre la autoflagelación (la primera de su tipo en Gran Bretaña). La investigación destaca que los profesionales que trabajan con chicos tienen una falta de conocimiento casi aterradora sobre el problema.

Según el estudio, los chicos utilizan una alarmante variedad de métodos en su intento por lastimarse, entre ellos, cortarse, rasparse, tomar lavandina, quemarse partes del cuerpo con colillas de cigarrillo y tragar objetos -como pilas, por ejemplo. “Los maestros reconocen que están mal preparados para abordar la cuestión”, dijo la doctora Marcia Brophy, que está conduciendo la investigación. “Sienten que la capacitación que recibieron no les permite hacer frente a algo tan difícil y sensible. No saben cómo responder. El nivel de apoyo que ofrecen muchas veces depende de cómo se sienten los mismos maestros frente al problema”.

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Ron Best, profesor de educación en la Universidad Roehampton, dijo: “Es similar al abuso sexual infantil en los años 80. La gente no tiene idea de que está pasando a menos que se enfrente al problema. La realidad es que cuando descubren que un chico se estuvo lastimando, prefieren ignorar el tema en lugar de abordarlo. No quieren hacerse cargo de la cuestión. Es comprensible, pero puede ser contraproducente ya que muchas veces son los maestros los que tienen mejor relación con los adolescentes angustiados”.

Para Best, los maestros deberían recibir más apoyo: “Discutir la autoflagelación con los alumnos puede tener un impacto psicológico en los maestros”. Best dijo que las reacciones de los maestros ante la autoflagelación variaban de la repulsión a la pena y agregó: “Necesitan poder descargar ese peso en alguna otra persona”. Algunos estudios estiman que 1 de cada 10 chicos británicos, tarde o temprano, se lastimará y la evidencia anecdótica sugiere que el problema va en aumento. La organización de beneficencia Childline dice que, en los últimos dos años, hubo un aumento del 65% en las llamadas telefónicas a su línea de ayuda de parte de chicos preocupados por el tema.

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Los factores asociados con la autoflagelación incluyen el suicido o el intento de suicidio entre amigos y familiares, una baja autoestima, el consumo de drogas y la depresión. Según el centro para la investigación de suicidios de la Universidad de Oxford, el método de autoflagelación más común es cortarse (55,4% de los que se lastiman a sí mismos), seguido por la sobredosis (21,7%). La investigación inicial de Best, basada en entrevistas con maestros, psicólogos clínicos, preceptores, tutores, trabajadores de los servicios de salud y tutores universitarios, sugiere que existen disparidades gigantescas en la cantidad de incidentes de autoflagelación en las diferentes escuelas.

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En una descubrió que 4 de 56 alumnos que habían consultado a un consejero admitieron haberse lastimado y, en otra, 6 de un total de 25 alumnos. “Y estos son sólo los alumnos que admitieron ver a un consejero. Las cifras reales podrían ser alarmantes”. La investigación sugiere que existe una amplia variedad en las edades de los chicos que se lastiman. “Afecta a algunos chicos en la guardería hasta los que están cursando la educación superior”, dijo Brophy.