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Los yentelmen se zurran a bastonazos

Los yentelmen se zurran a bastonazos Cuando era pequeño tenía un amigo al que le llamábamos "el Cabezo". El motivo no era otro que su tendencia a finiquitar las discusiones más bizantinas mediante el expeditivo método del cabezazo fulminante. Nunca sufrí las iras del "Cabezo", pero sí que presencié en varias ocasiones alguno de aquellos arrebatos suyos, y os puedo asegurar que tan sólo los puños del Tyson de sus mejores días podrían rivalizar con el arma mortal que aquel mameluco tenía sobre los hombros. El "Cabezo" dejó de tener gracia cuando empezó a abusar del pegamento esnifado y su hermana se hizo fulana, por lo que tuvo que aguantar las inocentes bromillas de manadas y manadas de críos del barrio. Menudo espectáculo verle embestir cual Vitorino contra todo el que le gritaba agazapado tras un coche: "¡Puri la chupa por veinte duros! ¡Puri la chupa por veinte duros!". Y es que por mucho que se esforzase, el "Cabezo" tampoco podía desintegrar a todos los clientes de su hermana, usando su bola de demolición con pelo. Hablando de pelo, cuando se incrustó (literalmente) contra el muro de un edificio semiderruido en un descampado de Méndez Álvaro, mientras hacía caballitos con una vespino robada, tuvieron que extraer su cabeza de la piedra a fuerza de arrancar pedazos enteros de cuero cabelludo que se habían quedado allí adheridos, como si la sangre seca hiciera las veces de "Superglue 3".

A partir de entonces el pobre "Cabezo" ya nunca volvería a ser ni la sombra de lo que fue... Medio cegarruto, con el rostro con más costurones que Nikki Lauda y una pierna seriamente perjudicada, caminaba con el barrio apoyado en un bastón, soportando las mofas de quienes durante años tanto miedo le tuvimos. Eso sí, un día, para sorpresa de todos, mientras nos cachondeábamos a gusto de él, comparándole con John Merrick (alguien había visto "El hombre elefante" y se había quedado con las frasecillas más pegadizas), el "ex Cabezo" nos plantó cara, mirándonos de soslayo con su ojo medio-bueno. "¿Qué pasa, mohtruo? Menos miraditas, eh... A ver si te voy a tener que hacer una cicatriz nueva en la jeta...", dijo el chulo del Cifuentes, cuyo advenimiento como nuevo matón alfa del barrio comenzaba ya a ser un hecho consumado. Y, mira tú, que va el "hombre sin rostro", levanta el bastón, y comienza a hacer con él movimientos raros en el aire, fiu-fiu-fiu, a tal velocidad que, oye, parecía que tuviese en las manos un látigo rígido, el muy cabrón. Cualquiera se le acercaba... Ese día, el "Cabezo" volvió a ser grande. Se acabaron las mofas a su costa. Podía ver menos que Rompetechos, sí, pero aquel superviviente de la calle seguía siendo un tipo chungo y peligroso, un Daredevil de quien convenía mantenerse más allá del alcance de su resentido y silbante bastón. Siempre me pregunté cómo aprendió el "Cabezo" aquellos virtuosos movimientos de defensa personal con palitroque. ¿Los copiaría de alguna de aquellas revistas con Bruce Lee (o Li) en portada que tanto se estilaban por entonces? Chi lo sa...

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A veces me acuerdo del "Cabezo" e imagino qué será hoy de él. Desde luego, hay bastantes posibilidades de que se encuentre criando malvas (nunca dejó el pegamento), pero a su memoria quisiera dedicarle este enlace tan bizarro que tenía por ahí guardado, y cuyos bonitos dibujos tantos recuerdos me traen. Con todos vosotros Self-defence with a Walking-stick: The Different Methods of Defending Oneself with a Walking-Stick or Umbrella when Attacked under Unequal Conditions , un completo cursillo ilustrado para aprender a defenderte de los abusones. Si al "Cabezo" le funcionó...
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