
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mi vida (o así).
Hacía un tiempo que no andaba precisamente contento con Blogia. Temporadas en las que la entrada aquí se hacía imposible, lentitud creciente a la hora de acceder a las distintas secciones del "blog" desde el menú de Administración, limitaciones e incomodidad en el manejo de imágenes... En suma, el cariño inicial hacia lo que consideré en su día la más sencilla herramienta para iniciarse en esto de los "blogs" llegó un momento en que fue convirtiéndose en inequivoca frustración ante los obstáculos cada vez mayores para mantener este sitio mínimamente actualizado (bajones míos de interés aparte, claro).
Mi amigo Pedro y yo nos conocemos desde hace unos quince años. Me resulta imposible recordar cuántas conversaciones mantuvimos en los días en que llevaba la sección de comics de la librería "El Aventurero". Los temas os los podéis imaginar: cine y literatura fantástica, tebeos, arte raro... Hace tanto tiempo de eso que, aunque cueste creerlo, por entonces ni siquiera llevaba esas gafas de pasta que con el paso de los años acabarían convirtiéndose en su inconfundible seña de identidad; eso sí, lo que tengo claro es que él comenzó a usarlas antes que yo, antes que todos vosotros, seguro.

Aquí estoy otra vez. Cuánto tiempo, ¿eh? Bueno, antes que nada, explicar porque he estado estas semanas ausente. ¿Una de mis habituales pérdidas de interés blogueras? ¿Algún viaje, un problema serio en mi vida, demasiado trabajo...? No, no. Nada de eso. La respuesta es tan, tan simple que todos la comprenderéis rápidamente, seguro que con tan sólo iniciar la siguiente frase: "Hasta hoy no he podido actualizar el blog porque Telefónica...".


Circula la opinión entre los blogueros más curtidos que congregar a un numero considerable de lectores fijos ante tus chuminadillas es una mera cuestión de constancia. Tú no dejes de "postear", hombre, y ya verás como poquito a poco tus visitantes suben, suben y suben, respondiendo a una progresión más o menos estable. Más actualización, más incentivos para que la gente se pase más a menudo y, en buena lógica, una media de visitas más elevada. 
Escribir un blog requiere un excedente mínimo de tiempo, energía y entusiasmo. Y las tres cosas no abundan durante estos días en, esta, nuestra comunidad. Un alud de trabajo, en fin... Ya contaré un día de estos el resultado de tanto desvelo.

Hola... (bostezo). He vuelto de Sitges (bostezo) y me encuentro sumido en la típica bajona post-actividad frenética. Pasar de ver seis películas al día, trotar de un sitio a otro, oler el perfume de "Buffy", charlar entrecortadamente con gente a la cual no veía desde hace meses, comer deprisa... así durante una semana... y, de repente, zas, frenazo brusco, realidad, escribir-escribir, mal rollo, malo, malo...
Me largo a Sitges, a inflarme a ver películas y, como siempre, terminar al borde de la extenuación retinal. Siempre fue mi festival más querido y ya no digamos desde que, encima, los que allí dirigen el cotarro resulta que son viejos amigos y ex compañeros de batallas. Lo más posible es que durante una semana me sea muy difícil actualizar el "blog" debido a la espesura de la programación (pases hasta la 1 de la madrugada y primeros del día a las 8:30... ¡Olé!). No obstante, ya intentaré sacar algún momentillo para contar cualquier chuminada desde allí: la avalancha de títulos suculentos será demasiado grande como para no irme de la tecla.
Llevo varios días sin actualizar, ya lo habréis notado. Las razones son las de siempre, en este y otros blogs: exceso de trabajo y/o (en este caso "y") apatía, falta de ilusión por escribir ni una sola línea por puro capricho. Eso sí, no hay nada mejor para sacarte de la apatía que un buen objetivo, una meta grande y justo, buena-buena. Y eso es lo que me proporcionó ayer un mensaje que recibí por e-mail y que me devolvió instantaneamente la ilusión de volver a actualizar este blog, con el único fin de difundir esta iniciativa:
He actualizado Visión de túnel con dos nuevas galerías que tenía en el disco duro y me hacen disfrutar como un enano. 



Hoy he hecho mi testamento. En serio... Y, oye, qué decepción. Yo que pensaba que era una cosa como romanticona, así en plan posturita a contraluz, escribiendo con pluma de ganso frente a la ventana y con gesto circunspecto. "Dejo todos mis bienes... ¡A MI HIJO!". Pero nada que ver... Para empezar lejos de la solemne intimidad en que a uno se le antoja que debería entregarse a tan trascendente acto, la cosa en realidad consiste en ir a un sitio de esos lleno de abogados (¿cómo se llama? lo tengo en la punta de la lengua: ¿abogadería?), responder a muchas preguntas, escuchar a un viejuno trajeado que dice cosas incomprensibles a un ritmo digno del mejor rapero (aunque sin bases) y, finalmente, firmar varias veces, tratando de concentrarte lo bastante como para que la rúbrica no cambie tanto del primer al último folio que tengas que repetirlas todos. Salí aturdido, lo reconozco. Da cosica... Por cierto, el viejuno dijo que un testamento podía cambiarse en cualquier momento, que no me sintiera presionado por tal o cual decisión, ya que hasta que no palmara ese documento no tenía ninguna validez. Tras pensar en ello, creo que volveré la semana que viene para cambiar algún pequeño apartado del texto, algo bobo, intrascendente. Sólo por ver la cara que pone el viejuno... y por sentir de nuevo esas cosquillas en la boca del estómago, por supuesto. Tenían su aquel. Os lo aconsejo.
Como pudisteis comprobar todos aquellos que durante los pasados tres días tratasteis de entrar, este "blog" estuvo inaccesible debido a un fallo gordo del servidor. Lejos de afectar sólamente a "Un toque de azufre", este hundimiento dejó incomunicadas a todas las (sopotocientosmil) páginas personales alojadas en Blogia. Tengo que reconocer que la imposibilidad de actualizar me provocó una extraña mezcla de alivio y ansiedad. El alivio resultó una suerte de sentimiento vacacional inesperado, como cuando de niño un ligera fiebre servía de excusa ante tus padres para quedarte en la cama sin ir al cole. La enfermedad podía ser real, sí, pero también era cierto que la cosa distaba mucho de merecer tanto cuento como para permanecer acurrucado en la cama leyendo durante todo el día. Esa misma sensación de descanso justificado, pero a la vez ligeramente culpable, fue la que me provocó el desplome de Blogia, lo cual significa claramente que durante los últimos días me había estado desgastando un poco con mis "posts"; actualizando por obligación (o inercia), es decir, el punto más bajo que puede alcanzar un bitacorero: ¡hacer de su diario un deber! ¡Puagh! 
Muy, muy...
Comencé este "blog-diario-bitácora-fanzine mental" el pasado 27 de julio. Casi inmediatamente varios amigos y bitacoreros afines empezaron a hacerme la siguiente pregunta: "¿Cuántas visitas diarias tienes?". A lo cual yo siempre contestaba: "Y yo qué sé...". Mis conocimientos informáticos son tan, tan limitados que el hecho de haber podido hacer "Un toque de azufre" se debe simplemente a que existe Blogia, un entorno-herramienta de extrema sencillez, auténtica panacea para el bitacorero inútil. Hasta hace poco no sólo no tenía ni idea de cómo contar las visitas aquí recibidas, sino que, incluso, cuando alguien trataba de explicármelo, aduciendo siempre lo sencillo que resultaba, yo me negaba siquiera a atender; por pereza, por evitarme un nuevo proceso por simple que éste fuera... así soy yo en estos temas "técnicos". 
El mal del escritor, del esclavo del PC... Uno llega a la mediana edad (porque supongo que ahí es donde estoy con treinta y cinco, ¿no?), echa la vista atrás y piensa: "¿cuántas horas habré pasado en toda mi vida sentado en esta misma posición, delante de una pantalla, tecleando, moviendo el ratón y haciendo "clics" con dedo meñique? De vez en cuando experimiento un fugaz ataque de responsabilidad y me propongo (¡ja, ja, ja!) a... ¡hacer deporte! Tratar de mejorar de una vez mediante ejercios esta machacada espalda, producto de ya demasiados años de ganarme la vida frente al ordenador. O quizá no sean realmente demasiados años, pero sí muy intensos... sobre todo desde que existe Internet. Y es que antes uno se sentaba ante el teclado sólo a escribir. Toda la labor de documentación, búsqueda de datos, lectura, etc, lo más habitual era realizarla tirado en el suelo rodeado de libros y revistas, frente a la biblioteca o repachingado en el sofá. Hoy no. El "Google" ha terminado absorbiendo de tal manera toda posible investigación que es muy poco probable que uno levante el culo del ordenador para escrutar algo en sus archivos "físicos", cosa que la mayoría dejamos como última opción, cuando ya no hay manera de dar con lo que buscamos, por muchas pantallas del buscador que pasemos. Así, las horas se le pasan a uno frente a la pantalla, con variaciones mínimas de posturas, haciendo firmes oposiciones a pasar su vejez con un collarín o a sufrir una variante del "mal de la clase turista" específico de los escritores. Y si encima se es de natural vagancia, ni os cuento... En fin, que llevo una temporadita con la columna vertebral más bien perjudicada (crack, crunch, croc), y cada año es peor, amigos. Menos mal que no fumo, porque de lo contrario el espectáculo que ofrecería a mis allegados todas las mañanas al ponerme al tajo, entre los crujidos de la espalda y las toses nicotínicas, sería de candidato prematuro al geriátrico. ¿Y si me apunto a un gimnasio? Crack."
Son punzadas persistentes pero discontinuas a ambos lados de la frente, acompañadas de pesadez de párpados, incomodidad estomacal y boca extrañamente seca. Puede que la causa haya sido el escuchar, uno detrás de otro, los lamentos de un guitarrero (el tema de la película "El cazador"), un violincenizo (el de "Tigre y Dragón") y un acordeonista ("La Vie en Rose"). Caminaba yo indefenso por la Plaza Mayor y... zas... zas... zas... tres ataques de tristeza sonora capaz de tumbar el biorritmo más jovial. Vaya tres instrumentos no aptos para melancólicos, menudo trío de piezas rompealegrías... En fin, que llegué a casa helado de frío (dichoso entretiempo, nunca me pongo la ropa adecuada) y con una caja de ritmos modelo antiguo dentro de la sesera. Tras la ingesta masiva de paracetamol, la situación cambió, sí, pero no hacia la mejora, ni mucho menos. Ese regular repiqueteo craneal mutó hasta convertirse en el imprevisible "clac-clac" que ahora me ataca cuando menos lo espero... No sé porqué en lugar de acostarme de una vez siento el absurdo impulso de contar esto aquí. Con ustedes otro "blogmemo" chapoteando en el solipsismo. ¿Y si pruebo con el Ibuprofeno...?
Durante el día de hoy he recibido dos noticias nefastas de índole laboral. Dos proyectos de largometraje en los cuales he estado implicado en los últimos años, y que parecían bastante bien enfilados (sobre todo uno de ellos), han muerto abruptamente. Había escrito un texto más largo, contando detalles dolorosos de ambos fallecimientos, aunque sin nombres, ni fechas... Sólo como una forma de exorcizar mi (nueva) desilusión con el mundo del guión de cine. Eso sí, al terminar me di cuenta de lo inconveniente que resultaba en estos instantes colgar un texto así en Internet. Demasiada gente todavía implicada en dichas batallas, demasiados nudos por atar, flecos que ordenar, dinero en juego, botes de salvamento que fletar en sendos naufragios... Eran guiones transpirados, más que inspirados, esculpidos en piedra y con taladro manual, origen de callos cerebrales, néctar (o eso quiero creer) de reuniones agotadoras, de pactos creativos, de voluntarismo, de jaquecas, de altas horas de la madrugada dándole a la tecla... Fuentes de tensiones personales, de amagos de úlceras, de carruseles psicológicos, de chantajes emocionales.
Estoy en lo que parecen ser los preparativos para unas pruebas de selección de actores de cine. Hay un equipo reducido; apenas el cámara, un sonidista, el director… y yo. Todos visten túnicas con capuchones, cada una de un color diferente: negro, azul, rojo… La del director es la escarlata y cuando lo miro siento un escalofrío al comprobar que sobre su rostro lleva una mascara dorada, inexpresiva, veneciana.
Hola amigos... Estoy de vuelta. Hace días que terminó el festival de San Sebastián, y volví a casita, agotado y sobrecargado de ficciones e imágenes. Necesitaba descansar, en suma. No me apetecía en absoluto "blogear", ni leer ni escribir, ni ver una sola película más, ni nada... En algún momento pensé: "¡venga haz un esfuerzo y actualiza hoy la bitácora del demonio, que lleva varios días estancada!". Pero inmediatamente llegaba a la conclusión de que no me daba la gana escribir nada aquí sintiéndome obligado. La gracia de hacerlo se iba entonces al guano; bastantes cosas escribo ya por obligación y necesidad como para convertir mi propio diario en una carga. Así que dejé esto congelado durante los últimos días de manerra completamente premeditada. También me di cuenta que esto resulta un hábito que engancha y entretiene, y cual droga blanda, cuesta de prescindir durante los primeros días pero que luego aparece una especie de sentimiento de liberación, de ligereza... Ya sabéis, esa sensación de "¡me importa un pito!". Si entran y la página sigue sin actualizar, me la refanfinfla. Vamos que ha habido también algo de desenganche consciente en este alejamiento "blogero", de limpiar cualquier tentación de acabar convirtiéndolo en una obligación más en mi rutina. El papel exacto que "Un toque de azufre" creo que debe jugar en mi vida vendría a ser algo así como el de un "fanzine mental". Espontaneidad y "amateurismo" ante todo. Igual que en los tiempos de fanzinero, cuando se hacían las cosas "porque sí", porque te apetecían y sin responder a periodicidades, ni lineas editoriales demasiado marcadas ni demás zarandajas propias de los medios profesionales. En fin, que hoy, a diferencia de los días anteriores, me volvió a apetecer entrar aquí y ver qué tal quedaría la página con una nueva imagen de Diana Rigg. Muchas veces reconozco que lo que escribo me resulta accesorio y bobo hasta a mí mismo; la verdadera satisfacción la encuentro en adjuntar una foto de aquí, mi diosa.
Es curioso como hay gente (tampoco muchos, pero en cantidad suficiente para darme que pensar sobre el tema) empeñada en decirme cómo debe ser este "blog", si debo hablar más o menos de mi vida, aumentar o disminuir el contenido gráfico, poner muchos "links" o ninguno en absoluto, cambiar el tono de lo escribo para resultar más o menos serio... o espontáneo o divertido o... Debo reconocer que ha sido una sorpresa encontrarme con que cierto número de personas tiene las ideas tan, tan claras sobre cómo debe ser "mi" página web. Supongo que no les debe pasar sólo con "Un toque de azufre" si no también con el resto de "blogs" que frecuentan. A todos sus autores sospecho que les acribillan con peticiones, cuando no exigencias de tono airado, sobre lo que ellos quisieran ver allí reflejado. Veamos... ¿tan difícil resulta para algunos comprender un concepto tan sencillo como el de "página personal"? De los muchos sitios web, sean en formato "blog" o no, que he visitado en los últimos años si algo he sacado en claro es que rara vez te encuentras dos idénticos, y que los autores los abren precisamente para hacer lo que les dé la gana en ellos, comprobando de paso si hay un determinado número de personas "ahí afuera" interesados en las cosillas que allí van vertiendo. Además, estos sitios tienen también algo de "obra en proceso", en cuya creación intervienen los propios lectores quienes con sus comentarios moldean los contenidos y también, porqué no, orientan al propio autor a frecuentar ciertos temas más que otros, puede que incluso a evolucionar...
Ya iba tardando en animar desde aquí a todos los seres humanos con tarjeta de crédito a que se gastaran la minucia de 17'35 $ en adquirir la edición definitiva en DVD de ese hito del cine, esa abrumadora aportación a la historia del terror, ese antes y después del género titulado "El espinazo del diablo". Ya sé que tan hiperbólicos elogios no son de fiar viniendo del coguionista pero... es que de verdad la peli me gusta un montón y creo que está "special edition", por fin, hace de verdad justicia, gracias a su nuevo "transfer", a la elaboradísima gama cromática diseñada por el operador Guillermo Navarro. Vamos que la calidad de imagen de este DVD supera en mucho tanto al editado en España como al anterior americano.
"Imágenes del mal" es un libro de elaboración colectiva editado el año pasado por Valdemar Ediciones y en el cual colaboré con un capítulo titulado "Disneymaldia". Coordinado por Vicente Domínguez, profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo, el volumen está dedicado a analizar diversas facetas de la plasmación del Mal en el cine y la literatura. Además de mi texto, centrado como su título indica en el reverso oscuro de las producciones de la factoría Disney, "Imágenes del mal" incluye otros ensayos de autores como Pilar Pedraza, Miguel Marías, Jesús Palacios, Roberto Cueto, Antonio Weinrichter, Sergi Sánchez, Angel Sala o Fernando de Felipe.
Esta noche he soñado que Paul Auster visitaba mi casa. Al salir del ascensor me lo encontraba en el descansillo, entablamos una breve charla casual ("Hombre, si tú eres Paul Auster... Pues sí, mira tú por donde... Jo, pues tienes la misma cara que en las solapas de Anagrama") y, nada, como teníamos buen rollo me atrevía a pedirle que pasara a mi casa a dedicarme sus libros. Paul, muy majete, aceptaba.
"Dibujos en el vacío: claves del cine japonés de animación" es un libro editado por el IVAM y la Generalitat Valenciana que recoge las conferencias pronunciadas durante el I Encuentro de Animación Japonesa celebrado en el mismo Institut Valenciá d'Art Modern en el año 2003. El objetivo era dar a conocer a un público no necesariamente iniciado en dicha rama de la moderna cultura popular ciertas claves básicas para adentrarse en su historia, códigos y en la obra de algunos de sus creadores fundamentales. Los textos reunidos pertenecen a Juan Zapater, Roberto Cueto, Ángel Sala y a mí mismo mismamente.
"Lena" es una de esas películas que da lugar a comentarios muy positivos y que, por desgracia, muy pocos la vieron en su día en cine. Esta es una crítica sobre ella aparecida en la revista de cine argentina "Otrocampo".
Os contaré un secreto: yo quiero dirigir largometrajes.
En 2002 David Muñoz y yo estábamos escribiendo una película de terror para el director Isidro Ortiz.
Qué escándalo… Vosotros ahí, perdiendo el tiempo, en lugar de estar enriqueciendo la mente y el alma, sin dejar de lado la diversión, claro. Y es que veo que todavía no habéis comprado, leído y observado con lupa Residuos, el fastuoso segundo album escrito por David Muñoz y un servidor, y dibujado primorosamente por Luis Bustos.
Esta preciosa estatuita que veis aquí esta basada en "El espinazo del diablo", el largometraje que David Muñoz y yo escribimos junto a su director Guillermo del Toro hace cuatro años. La compañía de muñecos para frikis y cinéfilos Sideshow ha sacado una edición limitadísima de apenas 100 figuras. Como es habitual en el catálogo de Sideshow la estatua tiene un nivel de detalle alucinante. La primera vez que la vi desde luego que experimenté un subidón de adrenalina. Es bastante fuerte para un coleccionista de muñecos de toda la vida acabar escribiendo una película que origina “merchandising”. Ahora bien, en estos momentos lo que siento cuando miro la foto de la figurita es una tristeza y un vacío interior enormes. ¡Y es que ya se agotaron y yo no tengo una!Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/