
Son punzadas persistentes pero discontinuas a ambos lados de la frente, acompañadas de pesadez de párpados, incomodidad estomacal y boca extrañamente seca. Puede que la causa haya sido el escuchar, uno detrás de otro, los lamentos de un guitarrero (el tema de la película "El cazador"), un violincenizo (el de "Tigre y Dragón") y un acordeonista ("La Vie en Rose"). Caminaba yo indefenso por la Plaza Mayor y... zas... zas... zas... tres ataques de tristeza sonora capaz de tumbar el biorritmo más jovial. Vaya tres instrumentos no aptos para melancólicos, menudo trío de piezas rompealegrías... En fin, que llegué a casa helado de frío (dichoso entretiempo, nunca me pongo la ropa adecuada) y con una caja de ritmos modelo antiguo dentro de la sesera. Tras la ingesta masiva de paracetamol, la situación cambió, sí, pero no hacia la mejora, ni mucho menos. Ese regular repiqueteo craneal mutó hasta convertirse en el imprevisible "clac-clac" que ahora me ataca cuando menos lo espero... No sé porqué en lugar de acostarme de una vez siento el absurdo impulso de contar esto aquí. Con ustedes otro "blogmemo" chapoteando en el solipsismo. ¿Y si pruebo con el Ibuprofeno...?
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Autor: REFO
Fecha: 15/10/2004 18:31.
Autor: Jerry el americano
Fecha: 16/10/2004 01:08.
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Autor: Lilly Soma
Fecha: 02/12/2005 03:40.
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